Alcalde, ¿por qué llueve?

  • La tradicional visita a los templos por la mañana transcurre entre continuos saludos y preocupación por la previsión del tiempo

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Plaza de Molviedro. Nueve y media de la mañana. La agenda del día señala en primer lugar la visita a la Hermandad de Jesús Despojado. Es el punto de inicio de una ruta que llevará luego a Triana, al Salvador, a San Juan de la Palma y a los Terceros, antes de acudir a la salida de la Paz y a la Hiniesta para formar en la representación municipal. El cielo gris plomizo anuncia ya a esa hora lo que iría aconteciendo después en la salida de las cofradías.

El primero en llegar a la capilla de Molviedro es el director de Fiestas Mayores, Rafael Rivas. Minutos después lo hace el delegado Gregorio Serrano, que habla por teléfono con el alcalde: "Dice que va a llegar un poco más tarde. Viene con Fernandito y se ha entretenido porque se le ha antojado ponerse una corbata de su hermano". Mientras llega Zoido, el hermano mayor, Miguel Cuevas, aprovecha para presumir del magnífico manto bordado que estrena la Virgen y explica a la comitiva las nuevas partes doradas del canasto del paso de misterio. "Fijaos todas las frutas y detalles que tiene y que antes no se notaban". "El manto se ve que está bravo", espeta Gregorio Serrano. "Claro, ha habido que esmerarse para hacerle las calles".

La llegada del alcalde, y de Fernandito, coincide con la de la representación del Consejo de Cofradías: Adolfo Arenas, presidente; Manuel Nieto, secretario; Francisco Vélez, delegado del Domingo de Ramos; y Andrés Martín, consejero de la sección de gloria, también han comenzado por el antiguo Compás de la Laguna su tournée por las hermandades del día. Es inevitable intercambiar comentarios sobre la lluvia. Los hermanos preguntan sobre los porcentajes. Alguno responde con un lacónico "está la cosa regular".

Es el momento de rezar ante las imágenes de la cofradía. "Para que mitiguen los problemas económicos y ayuden a tantas familias que lo están pasando mal". Tras la foto de recuerdo, Zoido pasa a la trasera para ver el manto de la Dolorosa.

De Molviedro a Triana. En la Estrella se unen a la comitiva el delegado del distrito Triana, Francisco Pérez, y la delegada de Familia y Asuntos Sociales, Lola de Pablo-Blanco. Fernandito comienza a hacer de las suyas. Causa estragos en la mesa de los recuerdos, donde consigue un sustancioso botín. Y se divierte bajo el paso de misterio del Señor de las Penas asomado tras el faldón delantero que el hermano mayor, Manuel Domínguez del Barco, sostiene mientras el alcalde inmortaliza el momento con su teléfono: "Fernandito, mírame".

De nuevo toca rezar delante de cada paso. La saya de la Virgen levanta comentario elogiosos. El hermano mayor aprovecha para pedir "por Sevilla, por el alcalde, por el Ayuntamiento...". También da las gracias a los trabajadores del distrito por las atenciones con la hermandad. En ese momento, hace acto de presencia el padre Miguel Ángel Llamas, rector del colegio sacerdotal Juan Pablo II de Roma. El sacerdote se ofrece para dar la bendición y anima al alcalde a ir a Roma. A esa hora de la mañana a Gregorio Serrano y a Rafael Rivas les quema el teléfono móvil. "Llevo dos. Y mira, hasta el cargador en el bolsillo". El alcalde ya parece presagiar lo que pasaría luego: "Es una lástima, con la ilusión que tiene la gente".

En el Salvador se encuentran con el director de Mercasevilla, Manuel Blanco. Dentro, aparece de nuevo el padre Llamas. "Éste está buscando venir a predicar un quinario o algo", se escucha. El hermano mayor, Luis Torres, sentencia delante del Crucificado: "Esto no hay que explicarlo". Huelgan más comentarios. Mientras, Fernandito, que aparece y desaparece como el Guadiana, pesca de nuevo en la mesa de recuerdos.

Antes de acudir a la Amargura, una parada para desayunar en el Spala. Café y Churros para todos. Fuera empieza a llover de nuevo. "Alcalde, ¿por qué llueve? Lo primero que tenía que haber hecho es cerrar el grifo", comenta una señora. Caminar con el alcalde por la calle supone un ejercicio máximo de paciencia. "Lo paran más que a la Macarena".

En la Amargura animan a Zoido a seguir luchando por la ciudad: "No vamos a dejar que el barco se hunda. Sevilla es muy importante". En San Juan de la Palma, Zoido saluda efusivamente a una vecina de localidad del Sánchez Pizjuán: "Es una sevillista acérrima". Serrano y Rivas continúan enganchados al móvil. La comitiva crece más. Se incorporan mujeres y niñas. En los Terceros, más de lo mismo, parabienes, abrazos y deseos de suerte para la salida.

De la Cena a la Paz para ver la salida de la cofradía. Ya se sabe qué pasó luego. Tras ponerse el chaqué, a la Hiniesta para presidir la representación de la corporación municipal. Tampoco pudo ser.

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