Costalero

Antonio Garrido: La devoción bajo las trabajaderas

  • Se encargan de portar sobre el cuello a las imágenes que devocionan. Una costumbre para la que hay lista de espera por su actual repercusión. Antonio Garrido lleva casi 20 años bajo el Cristo del Buen Fin y este año se estrena en La Cena.

Desde mucho antes de ser ahora, con 37 años, un actor y presentador de reconocido prestigio, y de anunciar las campanadas de fin de año, Antonio Garrido ya ejercía como cofrade y salía de costalero en su hermandad del Buen Fin, donde entró al cumplir los 18 años siguiendo los pasos de sus hermanos Javier y Ángel hace 19 años. Además del Buen Fin, “que es la hermandad de mi barrio, a la que me apuntó al nacer mi tío Juan Benito, que era mi padrino”, es del Calvario (“por mi padre, José Luis Garrido Bustamante, para quién esta hermandad lo es todo. Es la hermandad familiar dónde salgo desde los 14 años con una cruz detrás del Crucificado”),  y también de la Cena, donde este año se estrena como costalero. 

No lleva demasiado bien eso de estar en Cuaresma fuera de Sevilla, “para venir al Vía Crucis tuve que mover Roma con Santiago, pero al final pude verlo. También me gasto un dinero en el AVE para poder estar en los entrenamientos de costalero”. Va acoplando las fechas como puede, “lo malo es que en esta profesión no le puedes decir a nadie que te sustituya para cogerte unos días libres”. No obstante, desde hace algunos años cuando negocia los contratos procura dejar libre la Semana Santa: “como yo sé cuál es la fecha, le digo a los productores que esa semana no trabajo y la mayoría de las veces ni caen en que es Semana Santa”.

Con lo que más disfruta es con los pequeños detalles que pasan desapercibidos para la mayoría, “como los cuatro penitentes que van detrás del Cristo de la Humildad y Paciencia de la Cena y que llevan toda la vida ahí”. En general lo que nunca se pierde en Semana Santa son las cofradías del barrio de San Lorenzo: “las Penas de vuelta, Vera Cruz a la entrada….es que el barrio es mucho barrio”, apostilla. Y como contraste a la sobriedad de salir de nazareno en el Calvario, no hay año que falte a ver el Cristo de las Tres Caídas de Triana junto a la Estrella: “me encanta cruzar el puente vestido de negro para ir a Triana a casa de mi hermano a cambiarme y después  ir a la Estrella a ver a la Esperanza. Son los contrastes maravillosos de Sevilla”.

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