La semana santa de... Pablo Blanco

"A Bertoni y a Buyo les encantaba 'cangrejear' delante de los palios"

  • Pablo Blanco, trece años jugador profesional del club de Nervión, macareno de la calle Arrayán y apasionado del trabajo de las cuadrillas de costaleros desde que era un niño

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Nacido en la calle Arrayán, donde vivió hasta los 14 años y donde le educaron en la devoción a la Esperanza. Formado en los Salesianos de la Trinidad, donde en la cuaresma se fijaba cada día en la evolución del montaje de los pasos en la misa diaria del colegio. Su infancia son recuerdos de una centuria romana mucho más modesta que la actual haciendo la ronda el Jueves Santo, de la taberna de Paleteiro llena de fotos de la cofradía, de jugar inocentemente con los amigos a ser costaleros debajo de las parihuelas de los pasos de la Trinidad y de una Semana Santa exprimida cada tarde en las sillas de la Campana, donde de niño se extasiaba con el andar de las cuadrillas y la figura "fuerte y rechoncha" de Salvador Dorado, El Penitente.

Su entrada en el fútbol profesional en 1967, siempre con el Sevilla F.C., le hizo vivir Madrugadas muy lejos de la ciudad ("He oído por la radio la salida de la Macarena en un coche-cama camino de Madrid") o inolvidables Domingos de Ramos en los que, una vez disputado el partido en horario matinal, hacía de cicerone de los compañeros del equipo. Pablo Blanco (Sevilla, 1952), hermano de la Macarena, los Negritos y la Trinidad, tiene a gala haber enseñado a futbolistas muy conocidos a caminar delante de un paso: "Todos los que se juntaban conmigo se querían venir a ver pasos en Semana Santa. Conmigo han cangrejeado delante de un palio Bertoni, Buyo o Juan Carlos. Y les encantaba. Estábamos locos por que el Domingo de Ramos nos tocara jugar en Sevilla, porque entonces el partido era por la mañana y así podíamos irnos toda la tarde a ver cofradías. De Lunes a Miércoles Santo también aprovechábamos. El club sólo nos indicaba que no anduviéramos mucho. Como los capataces y los guardias civiles nos conocían, pues nos aligeraban un poquito de espacio para que nos quedáramos en buen sitio. Me gustaba escoger muy bien los lugares, como la entrada de Santa Marta o la subida de Santa Cruz por Mateos Gago de regreso, a la hora en que coinciden Giralda, luna y Cristo, o el regreso de San Benito cuando ya ha dejado la Alfalfa. Recuerdo que antes te dejaban cangrejear metiéndote hasta en la Campana, ahora te cortan y es imposible". No olvida a quienes han sido sus grandes amigos para ver cofradías: Luis Álvarez Duarte y Pedro Marco. "La Semana Santa es también la oportunidad para reencontrarte con calles por las que sólo pasas una vez y una ocasión para visitar bares muy típicos ".

Este macareno que sólo ha salido dos veces de nazareno ("Una con la Virgen y otra con el Señor. Cuando salí con el Señor hubo quien me dejó ir más cerquita del paso para que pudiera ver algo") sigue siendo un fijo de la Campana. Sobre todo en la Madrugada: "Esa noche nunca me gusta andar por ahí, prefiero verlas en las sillas para disfrutar bien de los contrastes. Mis hijos son de pedir cera, pero yo era más de mirar a los costaleros. Ese andar al unísono de aquellos hombres me llamaba muchísimo la atención. Como aún no era muy consciente del valor de las imágenes sagradas, de lo que verdaderamente representaban, ni de la belleza de las esculturas, pues me fijaba en los costaleros. Los niños, o pedían cera o se fijaban en los músicos, pero a mí los ojos se me iban hacia aquellos hombres que iban debajo del paso. Me llamaba especialmente la atención Salvador Dorado El Penitente por su figura fuerte, rechoncha y gordota. Era el máximo exponente entre los capataces. En mi mente infantil me impresionaba cómo aquellos capataces usaban la voz de mando, cómo los costaleros les hacían caso yendo con la cabeza agachada y sin ver a quien les mandaba. Recuerdo perfectamente el distinto andar de las cuadrillas, el pasito corto de la Esperanza, el paso alargado del Gran Poder, el paso especial del Caballo de Triana, el andar romano de la Macarena…"

La afición por las cuadrillas sigue vigente: "Me encanta ver un paso con los faldones levantados para ver bien a los costaleros. Creo que en mi vida me ha quedado ser costalero. Hubo un momento en que pude presionar para salir, pero una hernia discal me quitó la idea. Mi gran frustración es no haber podido sacar el paso del Señor de la Sentencia".

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