De capa y cola (Un paréntesis en las vísperas)

Gloria a Dios en las alturas

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Con abrigo, chaqueta y corbata. Con los últimos turrones y los primeros pestiños (esto último sin doble sentido). Y con mucho frío. Así se presenta el inicio de las vísperas, donde un aire cargado de latines e inciensos embelesa al devoto, capillita o fiel esteta de altares tridentinos que son testigos de largas homilías (algunas con bostezo incluido) y solemnes ceremonias de doradas casullas y baile de ciriales. Sobre un fondo de rojos terciopelos suena el decrepitar de cirios morados que apuntan como flechas a un infinito perdido bajo la bóveda que contempla esta tradición de siglos.

Llega febrero y en San Antonio Abad hay a quien la cervical le pasa factura de tanto mirar a un cielo que muestra su cruz al revés. Ardientes velas y gélidos mármoles. Pies sobre el reclinatorio de bancos que buscan el calor que el invierno les niega. Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra, un poquito de sol a los hombres, que falta hace.

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