De capa y cola (Un paréntesis en las vísperas)

Un Gólgota muy sevillano

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Cuando febrero marcea suben Dios y Su Madre a cobijarse bajo un dosel de oscuros terciopelos. Les acompaña el Discípulo Amado. Siempre tan cerca, siempre tan fiel. De la oscuridad surgen estos puntos de luz que van formando una estela en zig-zag que remata el trío más representado en la Historia del Arte.

En este Calvario no hay calaveras. Ni romanos que muestren lanzas y blancas plumas (a las del casco me refiero). Sólo les acompaña el viejo oro que el tiempo fue tamizando y que la oscuridad ahoga en un segundo plano hasta apagar su protagonismo.

Es tiempo de quinarios y en la Magdalena las almas suben en espiral a un Gólgota más cerca de la gloria que del  frío (y encharcado) suelo que pisan estos días los sevillanos.

Barroco efímero. Alardes de priostía que convocan al espíritu. Y a la pestaña.

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