Armao

Ignacio Guillermo: Al mando de la tropa macarena

  • Formar parte de la Centuria es el sueño de muchos hermanos de la Macarena. En la actualidad hay más de cien aspirantes en lista de espera.

Ser armao de la Macarena es mucho más que un sentimiento”. Eso afirma la persona que manda a esta tropa que rinde pleitesía al Señor de la Sentencia y a la Virgen de la Esperanza Macarena. Ignacio Guillermo lleva ya 30 años perteneciendo a este ejército de la paz que cada Madrugada de Viernes Santo rinde honores a la hermandad de la Macarena. Desde hace siete años es el capitán. Tiene a su cargo a más de cien hombres, más otros tantos que esperan ansiosos que se produzca alguna baja para poder ver cumplido el sueño de desfilar tras el Señor de la Sentencia. Cuando entró con 14 años el capitán era El Pelao, del que aprendió mucho: “Hizo mucho para que la Centuria tenga la estima que atesora hoy en día. Tuvieron una época de mala fama, pero afortunadamente eso se arregló”.

Otra de las cosas que se han conseguido es el rejuvenecimiento del grupo: “Antes, había personas muy mayores, hoy la media de edad es de 30 años, lo que hace más complicado que se vayan incorporando la cantidad de aspirantes que hay”, justifica.  Así las cosas, esperan unos diez años para poder ser miembro de la Centuria Macarena, diez años “en los que hay que estar al pie del cañón, acudiendo a los ensayos, a los cultos y las convivencias. Muchas personas desisten porque se cansan. Los que saben esperar tienen su recompensa”. Una de las iniciativas que se han puesto en marcha bajo su dirección ha sido la de visitar los hospitales sevillanos, como acto previo a la estación de Penitencia: “Hemos ido varios años al Virgen del Rocío y al Macarena. También hemos visitado a los ancianos del Pozo Santo”.

Lo que más le gusta de vestirse de armao es el momento en el que van a recogerlo a su casa, “es un momento muy íntimo y especial, en el que nos quedamos solos mi padre y yo”. Otro de los momentos que disfruta especialmente es el reencuentro con la Virgen de la Esperanza cuando vuelve por el bar Plata “después de toda una Madrugá echándola de menos”.

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