Pavero

Jesús Izquierdo: Guía del cortejo de monaguillos

  • Es el nazareno encargado de ir vigilando a los pequeños monaguillos que van delante de los pasos para que discurran correctamente. En San Isidoro son un buen número.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define la palabra pavero en su primera acepción como “persona que cuida de las manadas de pavos o los vende”. Para los cofrades sin embargo, es “el nombre que recibe el diputado encargado de mantener el orden entre los niños pequeños que figuran en el cortejo como monaguillos”. En la hermandad de San Isidoro esta labor la desempeña desde 1992 Jesús Izquierdo, de 59 años, casado y con dos hijos, domiciliado en el barrio de Los Remedios. Dice que en realidad él no realiza la estación de penitencia, al contrario, “disfruto como un enano con esos niños, con sus ocurrencias, su ternura, su inocencia, y sus travesuras”. El año que más monaguillos llevó fueron treinta y siete en el palio de la Virgen de Loreto. “Es un puesto muy bonito, pero que al mismo tiempo entraña una responsabilidad muy grande”. Tiene que ir muy pendiente para que estos jóvenes hermanos de San Isidoro vayan discurriendo de la mejor manera posible, “aún así todos los años hay varias caídas y alguna que otra pelea entre ellos, pero nada que no se solucione con un poco de mano izquierda”.

Después de tantos años ocupando este puesto en la cofradía, tiene sus propios trucos para que todo se desarrolle correctamente: “Llevar a más de 30 niños es una barbaridad. Al que veo que sea mayor y más despabilado le digo que lo he nombrado mi segundo para que vaya pendiente de que todo salga bien, y así se encarga de tenerme controlados a los más revoltosos”, comenta. Tiene infinidad de anécdotas a sus espaldas que podrían dar para escribir un libro, como la que tiene a Pedro, sobrino de la ex concejal Paola Vivancos, de protagonista. Estaba Paola presidiendo el paso de la cofradía en los palcos y a Jesús no se le ocurre otra que decirle al pequeño naveta: “Pedro, mira tu tía. Craso error. Salió zumbando entre la guardia de gala encaramándose a la jardinera que había adornando el palco. Se puso a repartir caramelos a todo el mundo. Cuando conseguí arrancarlo de allí y reinsertarlo al redil, la jardinera parecía un páramo. Estaba totalmente arrasada”.

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