Ópera de Jueves Santo, penitencia en el exilio

  • Jesús de Burgos fue costalero antes que cantante lírico · No podrá salir este año en el Silencio por obligaciones laborales

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ENTRE el costal y la ópera, una vida marcada por las trabajaderas y las tablas. a Jesús de Burgos Díaz no le importa que el viaje sea largo siempre que en su ligero equipaje se incluya la ilusión como principal aliciente para llegar a buen puerto. Esta palabra ha marcado su vida tanto en la juventud, cuando el mundo de los costaleros le llevó a formar parte de las cuadrillas de varias hermandades, como en la madurez, en la que ha conseguido formar parte de la Opera National du Rhin, en Estrasburgo, ciudad francesa en la que reside desde 2007. En este periodo de tiempo ha intentado combinar su faceta profesional con la cofradiera, saliendo cuantas veces ha podido de nazareno en el Silencio, algo de lo que este año, por razones laborales, no disfrutará.

La vida de este sevillano está marcada por un eterno viaje. A los pocos meses de nacer en la localidad gaditana de Bornos sus padres lo trasladan a Sevilla, ciudad en la que vivían. En la capital andaluza se educa en colegios siempre religiosos: preescolar lo hizo en el Santo Ángel (que entonces estaba en la calle Moratín), la antigua EGB y parte de BUP los cursó en el Portacoeli con los jesuitas y el resto de las etapas educativas las completó en el Marcelo Spínola de Umbrete.

En 1982 ingresa en la Hispalense y se matricula en Filología Inglesa, estudios que compagina con la que ya era su gran vocación: la música, por la que había sentido gran afición desde pequeño. Entra a formar parte de un coro y ahí llegó la decisión trascendental de su vida: dedicarse a la ópera de forma profesional, ya que la música le estaba ganando cada vez más terreno a su carrera. Casi 30 años después De Burgos considera que la "decisión fue la acertada". No es para menos. Su vocación por la canción lírica lo convierte en un viajero. Tras terminar sus estudios en el Conservatorio Superior de Sevilla se marcha con una beca familiar a perfeccionar la técnica de este género a la ciudad italiana de Génova. Acabados sus estudios, de nuevo cambia de país. Nuevas maletas y nuevo destino. El equipaje sigue siendo el mismo, la ilusión. De Burgos aterriza en Niza (Francia) para trabajar en la ópera de esta ciudad de la Costa Azul. Su estancia allí se prolonga 11 años, más de una década en la que trabaja en varios teatros de Francia, Italia y Mónaco. En 2007 se traslada a Estrasburgo tras lograr un empleo fijo en la ópera de esta ciudad.

Hasta aquí el capítulo concerniente a su trayectoria profesional. Pero antes de que De Burgos escribiera este episodio, su infancia y adolescencia redactaron otro marcado por la Semana Santa. El propio cantante lírico asegura que sus vivencias cofradieras fueron "muy intensas". Si se hace el recuento, el calificativo se queda corto. "De pequeño salí en los Negritos, cofradía a la que mis seis hermanos pertenecían. En la actualidad sólo uno sigue como hermano", recuerda De Burgos, que junto a su vocación por la música fue descubriendo también su otra afición por las trabajaderas. La lista es larga: sale varios años como costalero en el misterio de Jesús Despojado y en el paso de palio de esta cofradía, luego se vincula con la Hermandad de San Esteban, de cuya cuadrilla formó parte durante 15 años, tiempo en el que también sacó los pasos de la Sagrada Mortaja, la Trinidad y el Calvario. Eran años en los que se consolidaban las cuadrillas de hermanos costaleros y se contaban ya con los dedos de una mano las de profesionales.

En 1988 jura de hermano en el Silencio, corporación a la que queda vinculado para siempre. A partir de entonces no hay frontera que lo distancie de la cofradía de los primitivos nazarenos. Todo lo contrario. Viene cada vez que puede y realiza estación de penitencia. Viviendo en Niza se traslada en dos ocasiones a Sevilla en Semana Santa. Una vez en Estrasburgo no hay Madrugada que falte a la cita con Jesús Nazareno. Hasta este año. El Jueves Santo tiene actuación. La archicofradía se pondrá en la calle a la hora en la que vuelve de la ópera. Intentará verlo por internet. Pero será algo distinto. Muy distinto. Madrugada en el exilio. Sin duda, la más dura penitencia.

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