Teología pastoril de Viriato con tejado de nazarenos

  • lEl ceramista Reyes Mejías y el pintor Juan Luis Aguado hicieron el dibujo de Viriato.

LA carrera cofrade de Emilio Pérez Romero fue muy breve. "Estuve tres años en la Hermandad de Montesión, pero sólo salí un año porque los otros dos llovió". Lo dice en la terraza de su casa de la calle Viriato, a la vista de la cigüeña que ya ha instalado sus reales en la torre de la iglesia en la que mora el paso de la Oración en el Huerto. Pese a tan fugaz trayectoria, este sevillano vive por y para la Semana Santa. "No es de ninguna, con lo que le gusta todo esto. Y no es hombre de iglesia, ¿ha visto usted una cosa más rara?". Lo dice Gracia Fernández, su esposa, nacida en Carmona, como tantas Gracias, pero bautizada en San Juan de la Palma, epicentro del Domingo de Ramos.

Hoy la calle Viriato se llenará de hermanos de la Amargura camino de su cita con la magia dominical. Emilio imagina que el pastor lusitano ha desaparecido de los planes de estudio. "Digo yo, porque cuando tengo que firmar algo, me preguntan si se escribe con b o con v". Para contrarrestar tanta penuria, la ciudad lo inmortalizó en el callejero. Le han puesto su nombre a un gastrobar justo en la zona en la que Viriato le cedió una parte de la calle a Madre María de la Purísima, la religiosa que nació en una casa del madrileño barrio de Salamanca donde murió Gustavo Adolfo Bécquer.

Emilio nació hace 73 años en esta casa de la calle Viriato. Aquí se casaron sus padres, que en tiempos cuidaban de Gracia, la que es su mujer. Como quiso perpetuar el honor del pastor lusitano, le encargó a un ceramista, Rafael Reyes Mejías, y a un pintor, Juan Luis Aguado, que a partir de una imagen en blanco y negro que encontró en un libro de su padre hicieran una ilustración de este opositor a la ortodoxia de Roma. A veces suscribía pactos puntuales con el imperio, cuando los costaleros de San Martín, que se deben al romano Longino, se ajustaban los costales en la casa de Emilio y de Gracia.

Están rodeados de talleres cofrades: el de Miñarro o el de Darío Fernández, escultor-imaginero que trabaja en la misma casa donde el 5 de abril de 1929 nació Paco Gandía. Emilio preside su particular consejo de cofradías. Pero para visualizarlo hay que hablar de las vicisitudes de una casa que conoció tres monarquías, dos dictaduras y una república; que le compró Díaz Quirós, de la empresa de autobuses de Gerena, a su nieta, que después se casó con un médico y dejó la vivienda. Tenía un tejado que Emilio fue desmontando con paciencia de relojero suizo. Muchas de esas tejas las ha sometido a un artístico reciclaje: a partir de los originales de Hohenleiter, Juan Luis Aguado ha dibujado sobre esos amortiguadores de la lluvia nazarenos de la mayoría de las cofradías sevillanas.

Quien pase por el número 12 de la calle Viriato verá algunas de esas tejas convertidas en expositores de religiosidad popular. Están la Amargura, obviamente, y Montesión o las dos Esperanzas a uno y otro lado del río. Su amigo Juan Velasco no sale este año con la Macarena y le ha dejado la túnica para que cubra un maniquí en el zaguán de la vivienda. Un cofrade macareno y sevillista, yerno de un bético y trianero. Como Viriato y Roma.

En las estanterías busca el libro Viriato, la lucha por la libertad de Mauricio Pastor. "Se presentó en el pabellón de Portugal y lo tengo dedicado". No lo encuentra, pero en el camino el visitante encuentra libros de Galbraith, El Capital de Marx o los quince volúmenes de Blasco Ibáñez sobre la revolución española. Tiene un ejemplar de Aguirre, el magnífico, biografía que Manuel Vicent escribió sobre el segundo marido de la duquesa de Alba, que vivirá con su tercer marido la apoteosis de los Gitanos. "A Enrique el Cojo, el maestro de sevillanas de la duquesa, le pusieron una calle", dice el vecino de la calle Viriato. "No se la merecen menos Realito, el maestro Otero o Pericet, con el que aprendí a bailar sevillanas".

La casa de Emilio y Gracia es un termómetro de las fiestas de la ciudad. Exhiben los cinco premios que han conseguido con las cruces de mayo, puntos suspensivos de este abril que acaba de comenzar. "Los abanicos son de la colección de mi suegro", dice Gracia. El matrimonio de Viriato vivió un romance de Dickens. "Mi madre se iba a trabajar y a mí me cuidaron los padres de Emilio". Se casaron hace siete años y fueron de luna de miel a París. "No tenemos edad para tener niños, pero viajamos a París", bromea Gracia. Y lo certifica la cigüeña que comparte el cielo de Sevilla desde su terraza con la torre de san Luis de los Franceses, las setas de san Jürgen de los Alemanes, las alturas de Ómnium Sanctórum, san Julián o san Marcos, laboratorios de fe que tienen estos días una cita con la calle en sus diferentes expresiones de devoción y costumbre.

Viriato es el protagonista de la serie televisiva Hispania en cuya fase de dirección intervinieron los cineastas sevillanos Alberto Rodríguez y Santi Amoedo. Lo interpreta el actor Roberto Enríquez. El pastor lusitano tiene en las inmediaciones de la calle que lleva su nombre a un vecino ducho en las traducciones de portugués: el pintor, poeta y editor Pablo del Barco. Un burgalés unido con el Cristo de Burgos por la calle Santa Ángela de la Cruz cuya heredera, María de la Purísima, comparte trazado con Viriato en este zigzag de los primeros compases de la Amargura. De San Juan de la Palma a la Catedral.

Correal

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