50 aniversario de la coronación canónica de la Esperanza Macarena

Urbanismo de refugios, bombeos y casas prefabricadas

  • El día del traslado de la Virgen, el Madrid jugó –y perdió– la final de la Copa de Europa. Efervescencia religiosa: camino al Rocío, Corpus, centenario de Spínola

Aquel mayo de 1964 fue un mayo francés sin barricadas ni gendarmes. Jean-Paul Sartre ganó el Nobel de Literatura y Raymond Poulidor la Vuelta Ciclista a España. El Pou-Pou que nunca fue profeta en su tierra venció en una prueba que a comienzos de ese mes partió de Benidorm y atravesó las tres capitales vascas. Charles de Gaulle abandonó el hospital y Georges Pompidou era su primer ministro. Hasta Franco participaba de estos aires afrancesados. Después de una merecida semana de descanso en Asturias y de asistir en el Pardo a la primera comunión de su nieta María del Mar Martínez-Bordiu Franco, recibió al ministro francés de Asuntos Exteriores, Couve de Murville. Eso fue el 29 de mayo, la víspera de su llegada triunfal a Sevilla para participar en los actos de la coronación canónica de la Esperanza Macarena.

Como cincuenta años después, el contexto era de cofradías y fútbol. El domingo 24 de mayo, el mismo día que la Virgen era colocada en el paso de palio para su traslado a la catedral, el Betis se enfrentaba al Valencia en partido de Copa (dos goles de Ansola en el Betis por dos del contrario), que en la vuelta lo eliminaría, y tenía lugar un desfile conmemorativo de la Victoria que partiría del Paseo de las Delicias.

El traslado a la catedral se produjo el 27 de mayo miércoles. Ese día el Real Madrid perdió en el estado de Heysel la final de la Copa de Europa frente al Inter de Milán. El Betis quedó tercero en la Liga y el Sevilla noveno. El equipo de Nervión perdió en partido copero frente al Constancia de Inca, con la lesión de Manolo Cardo, futuro descubridor de canteranos, y fue apeado del torneo por el Español de Barcelona.

Goyescas de Sevilla. En el cine Goya se proyectaba Rebelde sin causa, con James Dean y Natalie Wood. En el teatro Goya de Madrid, el alcalde de Sevilla, José Hernández Díaz, hacía una exaltación a la Esperanza Macarena en presencia del hermano mayor, Ricardo de Zubiría. Un solemne acto con honores de Estado presidido por los ministros de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, y de Educación Nacional, Manuel Lora Tamayo, que en los días previos a la coronación visitaría Sevilla para inaugurar el nuevo edificio del instituto San Isidoro donde había estudiado Severo Ochoa.

La misma plaza de España donde se celebraría la ceremonia de coronación el domingo 31 de mayo, aniversario de la  muerte de Aníbal González, el arquitecto que la construyó, acogió una semana antes una exposición conmemorativa de los 25 años de Paz. España empezaba a abrirse al mundo. El ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, visitaba el pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York; Lora Tamayo regresaba de una reunión en Londres con ministros europeos de Educación. España también estaba representada en la Feria Internacional de Casablanca que visitó el rey de Marruecos Hassan II.

La ciudad vivía una efervescencia religiosa. El 14 de mayo iniciaban su peregrinación las hermandades a la aldea de El Rocío. El 28, el mismo día que se iniciaba el triduo a la Macarena en la Catedral, tenía lugar la procesión del Corpus, que en Roma presidía el Papa Pablo VI. Ese mes se celebraba el centenario de la consagración sacerdotal del cardenal Spínola. Y la coronación de la Macarena coincidía con la festividad de San Fernando. En el festival de Cannes triunfó la película Los paraguas de Cherburgo, de Jacques Demy, cineasta que vendría al festival de Sevilla ya en la etapa democrática. Fue un día de paraguas el de la coronación. La ceremonia no se pudo celebrar en la plaza de España y hubo que trasladarla a la catedral, lo que permitió que José Enrique Ayarra, entonces un joven organista, hoy decano de los canónigos, pudiera estrenar la marcha Coronación Macarena de Pedro Braña.

Era un mundo gobernado por políticos con carisma: Nasser, Nikita Kruschev, Lyndon B. Johnson, Charles de Gaulle. En mayo de 1964 fallecía Pandit Nehru, el legendario gobernante de la India. El sudeste asiático era un polvorín: Laos, Tailandia, Vietnam. Y eso que al frente de Naciones Unidas estaba un birmano apellidado U Thant. Pablo VI anunciaba que en 1965 visitaría Filipinas, la Asia más católica.

Ramón Menéndez Pidal era director de la Real Academia de la Lengua. Uno de sus miembros, Camilo José Cela, regresaba ese mismo mes de impartir 37 conferencias por otras tantas Universidades de los Estados Unidos. 25 años después obtendría el Nobel de Literatura que ese año fue para el autor de La náusea, el francés que pensaba que el infierno eran los otros. El cielo no podía esperar y la ciudad se preparó para el acontecimiento macareno.

Cuba celebraba un nuevo aniversario de su independencia y los opositores a Fidel Castro preparaban acciones para derrocarlo. Vana quimera. La OTAN, con el holandés Dirk Stikker como secretario general, celebraba una reunión en La Haya. 25 años después, los mismos que faltaban para el Nobel de Cela, caería el muro de Berlín.

El 16 de mayo se estrenaba en el Cervantes ¿Qué fue de Baby Jane?, con Bette Davis y Joan Crawford. Con esta guinda promocional : “Cuando usted vea esta película se preguntará horrorizado: ¿Cabe tanta maldad en el corazón de una mujer?”. La banda sonora de ese año era la música de Mary Poppins. La película a la que ha vuelto el cine medio siglo después se llevó cinco galardones, entre ellos el de la mejor actriz para Julie Andrews. Las otras triunfadoras fueron My Fair lady, de George Cukor, y Zorba el griego. James Bond contra Goldfinger obtenía el Oscar a los mejores efectos de sonido. En plena apoteosis del espionaje internacional, con Nikita Kruschev desconfiando de Occidente, invitado de excepción del presidente egipcio Nasser, con el que participó en la ceremonia simbólica de arrojar piedras al Nilo para celebrar el final de la primera fase de la presa de Asuán. El Oscar al mejor vestuario era para La noche de la iguana, de John Huston. Un premio por vestir a Ava Gardner, que esa década de los sesenta hizo alguna escaramuza por la Feria del Prado y la Maestranza. Su compañera de reparto en Mogambo, Grace Kelly, estaba en mayo de 1964 de visita en España, pero ya en su condición de princesa de Mónaco acompañada de Rainiero. Los dos aparecen fotografiados viendo el Tajo a su paso por el parador de Toledo. Medio siglo antes de que la ciudad recibiera a miles de visitantes atraídos por los fastos de El Greco.

José Utrera Molina era gobernador civil de Sevilla y jefe provincial del Movimiento. Ese mes de mayo presidió el pleno del Patronato Sindical de la Vivienda en el que se adjudicaron 300 pisos del grupo Felipe II a evacuados de refugios, familias procedentes de inmuebles gravemente ruinosos o expropiados del Polígono San Julián. Una semana antes de la coronación, el cardenal de Sevilla José María Bueno Monreal administraba la primera comunión en la capilla del Palacio Arzobispal a los niños José Antonio y Margarita Utrera Gómez, hijos de Utrera Molina.

En la prensa sevillana aparecen anuncios de empresas que todavía siguen al pie del cañón, como Bolsos Casal o Toldos Quitasol. Otras ya tiraron la toalla y forman parte de la memoria, casos de Galerías San Sebastián o Almacenes Vilima. El día de la coronación de la Macarena estaba prevista una novillada en la Maestranza. Un cartel formado por El Bala, El Pireo y Curro Limones. Pero el acontecimiento taurino del mes tuvo lugar en las Ventas. En la presentación de Manuel Benítez El Cordobés, el torero de Palma del Río sufrió una aparatosa cogida por el toro Impulsivo, que le había tocado en el lote junto a Insensato.

Dos días antes de la llegada de Franco a Sevilla se iniciaba la temporada en el cine de verano Santa Catalina con la película Sabían demasiado, protagonizada por Tony Leblanc, Conchita Velasco, José Luis López Vázquez y José Luis Ozores. En el teatro Álvarez Quintero representaban dos obras de Alejandro Casona.

El jueves 28 de mayo empezó en la Catedral el triduo a la Esperanza Macarena previo a la coronación. Dos de los obispos que paticiparon en los sermones, Antonio Añoveros, titular de la diócesis de Cádiz-Ceuta, y José María Cirarda, obispo auxiliar de Sevilla, estuvieron en el punto de mira de las autoridades franquistas por no alinearse con las tesis del nacionalcatolicismo. En el caso del primero, la pastoral que pronunció una década más tarde como obispo de Bilbao le acarreó una orden de expulsión del Gobierno de Arias Navarro, replicada con la amenaza de excomunión fulminante a los miembros de dicho Gobierno por parte del cardenal Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal.

Franco llegó a Sevilla el 30 de mayo de 1964. No comulgaba, nunca mejor dicho, con las tesis del Concilio Vaticano II celebrado un año antes. Basta con reproducir el inicio de su intervención en el Salón del Almirante: “Siempre que vengo a Sevilla lo hago con el corazón abierto al recuerdo de aquellos primeros días de la guerra, cuando vuestro entusiasmo y la fe en la Victoria...”. Después, visitaría la barriada Juan XXIII, el Polígono Sur de casas prefabricadas y la estación de bombeo del Tamarguillo.

Ese mes de mayo, la selección rusa de fútbol venció a Suecia en el estadio Lenin de Moscú. Los soviéticos, con el telón de acero , se clasificaban para semifinales. Era el preludio de lo que ocurriría tres semanas después de la coronación canónica de la Macarena: el gol de Marcelino a Yashin en el estadio Santiago Bernabéu, con Franco en el palco. La consagración de la primavera a pase de Pereda. O quizás el canto del cisne en los lagos de Tchaikoski.

Sartre ganó el Nobel y Poulidor la Vuelta. En justa reciprocidad, Manolo Santana venció en Roland Garros al italiano Pietrangeli. 6-3, 6-1, 4-6, 7-5, que hoy parece el número de un móvil.

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