Mis personajes

El cuarterón de tabaco

  • Manuel García Soriano, fundador y hermano de honor de Los Javieres. A su nombre figura en la casa de hermandad la primera papeleta de sitio que se expidió en la historia de una cofradía en la que se ha caracterizado por serlo casi todo.

FUE un niño de la cuadrilla de acólitos de la Parroquia del Sagrario de los años cuarenta. Como vecino de la calle Deán Miranda, su infancia discurre muy ligada al templo y a la Puerta de Jerez. Manuel García Soriano (Sevilla, 1931) salió en muchas hermandades de la feligresía junto a la cruz de manguilla de su parroquia. La insignia era portada por un asalariado y los ciriales recaían en aquellos monaguillos que tutelaba el párroco. "Participé en la Carretería, en el Baratillo y en las Cigarreras. Mi padre se ponía muy contento cuando me tocaba en Las Cigarreras, que entonces salía de la Fábrica de Tabacos, porque al final del recorrido nos daban un cuarterón de tabaco a cada uno. El tabaco era un tesoro en esos años de tremenda escasez. Yo se lo llevaba bien agarrado en las manos, recuerdo que era negro, de picadura, que a mi padre le daba para cuarenta o cincuenta cigarros, qué sé yo..."

Aquel monaguillo, con el paso de los años, ingresó por influencia de varios amigos en la congregación mariana de los jesuitas: "Aquello era como estar en Acción Católica, jamás pensé que de allí podría surgir la fundación de una hermandad". Pero ocurrió. Y no precisamente por el apoyo de los jesuitas, sino por el impulso directo de aquel grupo de jóvenes. En 1955 se aprobaron las reglas. Dos años después salió por primera vez la cofradía con el Cristo de las Almas del templo del Sagrado Corazón de los jesuitas: "Hubo que doblarle los zancos al paso porque no había manera de que saliera por la puerta que da a la calle Jesús del Gran Poder". ¿Y por qué se le asignó el Martes Santo a esta nueva cofradía? "Dicen que fue el día de la semana en que murió San Francisco Javier, pero la verdad es que era la jornada en que había hueco. Y lo conseguimos".

La primera papeleta de sitio expedida en la cofradía tiene su nombre. Se conserva en la casa de hermandad. En ella se le asignaba una bocina, el puesto en el que sale desde hace más de veinte años su hijo Rafael. "Los antiguos de la cofradía son más del Cristo que de la Virgen, eso se nota cuando se ve la nómina". Aquellos primeros nazarenos no lucían medallas, sino simplemente cruces, como una marca de la austeridad que habría de caracterizar a la cofradía.

Manolo Soriano, como es conocido en su cofradía del alma, en la que tiene el número 9, fue mayordomo en los tiempos difíciles del traslado a Omnium Sanctorum. "La verdad es que los jesuitas estaban deseando que nos fuéramos. Y nos fuimos". Los recursos eran escasos y los buenos mayordomos, casi como hoy, se caracterizaban por el manejo del sable. Más aún si se trababa de este empleado de banca, hábil para obtener donaciones de quienes querían un puesto destacado en la cofradía o de quienes convencía para inscribirse y pedirles la ayuda para pagar las flores de un culto. Ha sido también secretario y hasta teniente de hermano mayor en Los Javieres, pero es conocido y recordado como mayordomo. En sus tiempos como tal -cuando los cobradores iban a los domicilios- existía una carpeta muy particular con la relación de morosos que llevaba el siguiente título: Los que dicen que vienen a pagar a la hermandad. Lección de sutileza.

Soriano tiene el título de hermano de honor. Sigue participando en la misa matinal del Martes Santo y asiste a la salida desde el interior del templo. La última vez que salió en la cofradía lo hizo portando la escalera junto al paso de su Cristo de las Almas. Podía salir en cualquier puesto por antigüedad. Eligió el más próximo al Señor de sus devociones.

En 1980 salió por primera vez la Virgen de Gracia y Amparo en su paso de palio. "Menos el manto, lo llevábamos todo prestado. Había mucha ilusión, porque se decía que una cofradía de la calle Feria tenía que sacar un paso de palio".

Entre aquellas primeras hermanas que salieron como nazarenas en 1986 se encontraban su mujer y su hija. Tiene la fotografía que lo atestigua. "El arzobispo fue a verlas en tres o cuatro sitios distintos del recorrido, sobre todo para oír lo que se comentaba en la bulla". Con los años, ha tenido hasta una nieta de monaguilla. Y un yerno varios años de penitente: "Toda la familia es de Los Javieres, hasta la política..."

Es hermano del Dulce Nombre desde 1958 al ser una cofradía en la que se apuntaron muchos profesionales del antiguo Banco Hispano Americano; del Calvario, "porque era la mejor forma de vivir la Madrugada, no me gustaba el ambiente de las calles", y de la Cena, donde se apuntó en el año 1969 para salir junto a su hijo, que entonces no tenía edad para salir en Los Javieres. El padre es el actual número 80 de la cofradía de Los Terceros y el hijo tiene el 81.

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