La amargura

Más distinguida que el sol

  • La Amargura estrenó saya bordada sobre tisú de oro · Mucho público en San Juan de la Palma para ver la salida.

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Ulecta ut sol: Más distinguida que el sol. Esa leyenda que se puede leer en el techo de palio de la Virgen de la Amargura resume a la perfección lo que es esta hermandad. Esmero en todos los detalles, hasta en los auxiliares que iban en los pasos, perfectamente vestidos con la corbata corporativa. 

Ir y venir de personas en la plaza de San Juan de la Palma hasta el último momento. Músicos de las Tres Caídas rezagados que llegan –tambor en alto–  con el tiempo justo. Sus compañeros, formados en paralelo a la pared de la iglesia, afinan las cornetas, abrochan los mantolines, o simplemente se desean suerte para una Semana Santa que comenzaba también para ellos en la enorme tarde de ayer.

Con puntualidad inglesa se abrían las puertas de San Juan de la Palma. Balcones del número 6, frente por frente a la puerta, cerrados a cal y canto, una muestra más de la despoblación del centro de la ciudad. En la casa de al lado, la cámara de Fernando Salazar no perdía detalle de la escena.

Golpe de palermo, la cruz de guía recibió el abrazo del nazareno y de la iglesia empezaron a brotar filas de nazarenos blancos. Raudos, veloces. Cola al brazo, enconmienda con la cruz de malta al pecho y cirio al cuadril formando una estampa que parecía sacada de otro tiempo. Nazarenos de Hohenleiter.

Con el solo de Silencio Blanco el Desprecio de Herodes culminaba la revirá para buscar Viriato. Aplauso atronador cuando rompió la trasera. El paso de Herodes, se perdió con un andar poderoso Feria abajo en busca de la Alameda de Hércules.

Tonos ocres en la palio de la Virgen de la Amargura. Nueva saya de tisú dorada que refulgía a la luz de la candelería. Se hizo realidad el cartel anunciador de la Semana Santa de Emilio Díaz Cantelar. Cirio homenaje a los donantes de órganos. Sonaban los compases del himno que Font de Anta compuso para la dolorosa de San Juan de la Palma. Levantá a pulso. “Esto es una cofradía”, sentenció una persona que lo vió.

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