"Las hermandades se defienden del exterior, pero se comen por dentro"

  • Carlos Amigo cree que las cofradías "se miran excesivamente al espejo" y prestan demasiada atención a temas ocasionales como el de las mujeres costaleras

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Exceso de "autofagia". Con este término -extraño para mucho de los presentes- definió el cardenal Carlos Amigo Vallejo uno de los problemas que viven hoy las hermandades. El prelado pronunció anoche la última conferencia que ha organizado este año la Fundación Cruzcampo y que llevaba por título La Iglesia actual: entre dificultades y esperanza. En su discurso, Amigo Vallejo no tuvo reparos en afirmar que en el seno de las hermandades se adopta una de las posiciones más criticables: la autofagia. Esto es, la posición que adoptan las hermandades "que se defienden del exterior, pero se comen por dentro". Para Carlos Amigo Vallejo este problema se origina "porque quizá nos miramos mucho a nosotros mismos. Nos miramos excesivamente al espejo. En las hermandades no puede haber espejos".

Otro de los aspectos que bajo su punto de vista hacen mella en el seno de las hermandades es "la importancia desigual". Según el cardenal hay temas como el de las mujeres costaleras, las bandas de música, las elecciones a la presidencia del Consejo, la ampliación de la carrera oficial, la incorporación de nuevas hermandades y los enfrentamientos de las cuadrillas con las juntas de gobierno que despiertan un "interés desorbitado" y que no dejan de ser "temas ocasionales".

Titulares informativos que para el Cardenal de Sevilla desvían la atención de lo verdaderamente importante en este ámbito. "Lo que era un problema ayer, mañana se ha resuelto", añadió Carlos Amigo. "El paso puede ir dorado o sin dorar -continuó-, con costaleros o costaleras, pero la cofradía tiene que hacer estación de penitencia".

Uno de los riesgos que corre esta desviación de la perspectiva es -según el cardenal- convertir a la hermandad en un "asociacionismo sin identidad". "Una ONG con fines culturales", sentenció.

También en su discurso se refirió a la "laicidad positiva" que defendió Benedicto XVI. Este concepto se entiende como "colaboración entre Iglesia y Estado", aludiendo al enfrentamiento entre el Gobierno de España y la Conferencia Episcopal. Recordó que aunque la Iglesia recibe 1.500 millones de euros a través del acuerdo, también aporta 3.000 millones por el sistema de enseñanza que controla.

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