De la palma y la rama a la ceniza

  • Los restos que sobran cada Domingo de Ramos en la Catedral se queman después en Villalba del Alcor

A fuego lento y cernida. Así se prepara la ceniza con la que hoy se impregnan las sienes de los sevillanos que con este rito litúrgico inauguran una cuaresma. El polvo que marca un nuevo tiempo de ayuno y abstinencia, pero que para los cofrades no es más que la constatación de que ha comenzado la cuenta atrás.

Preparada desde antaño por las distintas parroquias para distribuirla en los templos de su feligresía, hoy día son pocas las iglesias que continúan con este rito de quemar en sus azoteas las ramas de olivo y las palmas sobrantes del Domingo de Ramos anterior para obtener de ellas la ceniza. Salvo contados casos como la parroquia de San Lorenzo o la de la Magdalena, la mayoría de los párrocos recurren a lugares fuera de la ciudad para carbonizar las ramas.

Así ocurre en el caso de la ceniza que se impone en la Catedral de Sevilla. Aunque hace unos años se quemaban las palmas y ramas de olivos en el Patio de los Naranjos, las llamaradas de la hoguera provocaban gran alarma entre los vecinos y viandantes, que en una ocasión llegaron a llamar a los bomberos y a la Policía Local, alertados por la gran nube de humo que generaba la candela.

Desde entonces, según relata Antonio Ortiz, sacristán de la catedral, se tomó la decisión de quemar las ramas fuera de la ciudad, en pleno campo. De hecho, un año fue él mismo el encargado de prender las palmas en su pueblo natal, Hinojos. Desde hace varios años esta práctica se viene realizando en Villalba del Alcor, un municipio del condado de Huelva, donde tiene un local uno de los directivos de la empresa encargada del mantenimiento de la Catedral, a quienes se les encargó esta tarea.

Hasta este pueblo se desplaza Pedro Escobar, empleado del templo metropolitano, que lleva siete años al frente de este cometido. Según comenta, unos diez o doce días antes del Miércoles de Ceniza se transporta hasta la localidad citada un camión repleto de palmas y ramas de olivo sobrantes del año anterior -que cada Domingo de Ramos dona el conde de Ybarra- y que se han quedado secas. Estos restos se guardan en la sacristía situada en la parte superior trasera del retablo mayor.

Una vez en Villalba se introducen en una chimenea de piedra, y durante dos horas aproximadamente se van quemando hasta que quedan reducidas a cenizas. Luego se deja transcurrir dos días para que la ceniza se enfríe. Será entonces cuando toque el turno de cernirlas, labor que consiste en pasar por el cedazo (especie de colador cuadrado) el polvo resultante para eliminar los trozos de carbón restantes.

Terminada esta tarea se devuelve la ceniza a la catedral, donde los sacristanes se encargarán de repartir los cerca de dos kilos que se consiguen cada año por los templos de la feligresía y a los canónigos que la soliciten. Tan sólo se quedan con una pequeña provisión para la misa de imposición de la ceniza que tendrá lugar hoy a las ocho de la tarde en el templo metropolitano oficiada por el cardenal de Sevilla.

También estos días los sacristanes de la catedral han preparado los "santos óleos" que se repartirán el próximo Martes Santo para los Santos Oficios. Este aceite es de oliva puro y al igual que las ramas los dona cada año el conde de Ybarra.

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