cabalgata de reyes

La Cabalgata más fugaz

  • La Cabalgata desafía a la lluvia, que sólo hizo acto de presencia a última hora, cuando el cortejo se disponía a entrar en la Fábrica de Tabacos, y discurre con gran lucidez

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Con más prisas pero repartiendo la misma ilusión de cada año. Fiel a su cita del cinco de enero, no del cuatro ni del seis, la Cabalgata de los Reyes Magos de Sevilla volvió a hacer las delicias de niños y mayores pese a la adversidad del tiempo. El Ateneo, que desde hace más de cien años organiza este excelso cortejo, descartó desde el primer momento cualquier cambio de día, como ha ocurrido en muchas localidades de la provincia, para burlar el agua que se anunciaba para la tarde de este viernes. Es la dictadura de los porcentajes, esa que atenaza desde hace mucho la Semana Santa y que este año también amenazaba al cortejo de la ilusión. Pero en Sevilla la Cabalgata es intocable. Pocas cosas hay en esta ciudad que generen tanta unanimidad. Ya lo decía en la previa el presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Calero, quien, por cierto, disfruta tanto o más que los niños: "El tiempo podría ser mejor, pero es lo que tenemos y lo afrontamos con toda naturalidad". Y así fue.

El himno del centenario de la Cabalgata, compuesto por Manuel Marvizón, se repite en los altavoces dispuestos en la Lonja de la Fábrica de Tabacos. Las 34 carrozas están colocadas estratégicamente para la salida por la puerta de Palos de la Frontera. En el interior, los más de 800 beduinos terminan de pintarse y vestirse. Algunos aprovechan para comer algo, que la tarde se prevé dura, y muchos se hacen selfies. Las consignas de esta corte de súbditos de los Reyes Magos resuenan, mientras fuera los voluntarios, que se colocan fundas en los zapatos para protegerlos de los caramelos, se afanan para que todo esté dispuesto. Algunas carrozas están cubiertas por plásticos. Son las tres de la tarde y a esa hora, pese a que ha caído algún chaparrón, no llueve. Más que la lluvia a los encargados de la seguridad le preocupaba el viento.

Las esbeltas palmeras de los Jardines de la Madrina bailan al son de Eolo cuando Luis Miguel Martín Rubio toma la palabra. Es el momento de la coronación. "¡Niños y niñas de Sevilla. Ya vienen los Reyes!". La emoción empieza a sentirse ya entre las miles de personas que esperan la salida del cortejo. "Damos la bienvenida a Melchor, un rey que viene perfumando el ambiente con su aroma embriagador convirtiendo la lluvia en gotas de oro". El encargado de coronar a Vicente Granados fue "el dueño del castillo de oriente de Sevilla. El magnífico rector magnífico de la Universidad, Miguel Ángel Castro". Tras Melchor, llega el turno de Gaspar, "un rey que trae las alforjas cargadas de buenos regalos, como una menestra de alegría, ilusión y paz". El presidente de la docta casa, Alberto Máximo Pérez Calero, fue quien le impuso la presea a Paco Salas. Por último, Baltasar, "llegado del lejano país del final de la Palmera con mucha ilusión que se le nota en la mirada. Ilusión, esperanza y mucha salid para todos". El alcalde "también magnífico" de Sevilla, Juan Espadas, coronó a Rafael González Serna. "A repartir esperanza, ilusión y buenos deseos. Niños de Sevilla, acostaros pronto. Y levantaros también pronto", espetó Luismi para concluir la ceremonia que tiene lugar en el balcón de la antigua facultad de Ciencias.

Faltan quince minutos para las cuatro de la tarde, la hora fijada para la salida, y ya está todo preparado. El coro de campanilleros A nuestro aire comienza a cantar villancicos mientras sus majestades, antes de subirse en sus carrozas, atienden a la televisión. A las cuatro en punto se abre la verja ya la agrupación Veterana de Sevilla arranca los primeros aplausos. "¡Que bote la estrella, que bote la estrella!", gritan los beduinos. El sol se abre paso tímidamente entre las espesas nubes que hasta ese momento cubrían el cielo. El cortejo avanza en busca de la glorieta del Cid tranquilamente. Sale la carroza de El Bosque Encantado, que el año pasado tuvo un percance justo al abandonar la Universidad. A las 16:22, el rey Melchor ya recorre las calles de Sevilla. Antes de la salida de Gaspar hay una descoordinación que quedará como anécdota. Tres carrozas se quedan rezagadas y tienen que recuperar su puesto en la calle, donde ya se encontraban los pajes de Gaspar. A las 17:00, con la salida apoteósica de Baltasar, el cortejo de la ilusión ya estaba completamente fuera.

Después de hacer las delicias de toda la ciudad, y tras imprimirle más velocidad al cortejo, la lluvia apareció en torno a las ocho, cuando la comitiva se disponía a entrar ya en la Fábrica de Tabacos, desluciendo el tramo final.

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