Cinco Llagas

Buenos propósitos de año nuevo

  • Díaz presume de sus "incontestables" resultados. La presidenta repite el concepto "autocomplacencia cero", pero pone muy buena nota al crecimiento y a la política de empleo

Susan Díaz, en el Parlamento de Adalucía Susan Díaz, en el Parlamento de Adalucía

Susan Díaz, en el Parlamento de Adalucía / EFE

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El primer pleno del año nos trajo un clásico. Buenos propósitos de año nuevo, pero escasas novedades. A pesar de repetir varias veces que ella "autocomplacencia cero", la presidenta hizo una intensa propaganda de lo bueno que será este 2018, por encima de las expectativas, y de lo bien que van las cosas desde que ella está en San Telmo. Reiteró cifras "incontestables" para que nadie se confunda de período histórico. En vez de la botella medio llena, como suele, esta vez el envase estuvo repleto.

Sin embargo, los jefes de la oposición en su conjunto -incluido el de Ciudadanos- ignoraron el mensaje incontestable y mostraron sus quejas habituales. Total, confort contra disgusto. E inquietud, porque todo el mundo se teme que Susana Díaz haga como en su estreno electoral de 2015 y acorte en un año la legislatura. Aunque la interesada no sólo lo niega, sino que se chancea de la ansiedad que ese riesgo genera en "las esquinas de la Cámara"; a sea, en el PP y en el eje IU-Podemos.

El jefe del PP parece que no encuentra últimamente el tono en estos debates. Sigue buscando el cuerpo a cuerpo, el intercambio de crudas reprimendas con Díaz, pero hace un par de sesiones que no encuentra cliente para semejante empresa. Sus asesores deben haber aconsejado a la presidenta que adopte un tono más institucional. De tal modo que han desaparecido sus desplantes y las alusiones personales a sus adversarios en el último turno, cuando ya no le pueden contestar, que siempre contaban con la tolerancia cómplice del presidente del Parlamento.

Juanma Moreno, todavía no muy consciente del cambio de estilo, lo volvió a intentar de todas formas por la vía tremendista. Tachó de soberbia y prepotente a su rival y calificó el nombramiento de los nuevos miembros del Consejo Consultivo como una cacicada. Este nombramiento, por un Gobierno en minoría sin consultar a la oposición en pos de un Consejo monocolor, también había sido criticado por Maíllo (IU) en su intervención. La interpelada, haciendo caso omiso del uso de este organismo para colocar a viejas glorias del PSOE se limitó a atribuirles una "dignidad" que nadie había puesto en cuestión.

Juanma también le sacó unas estadísticas sobre empleo que pretendían demostrar lo malamente que lo han hecho los gobiernos socialistas desde 1982, duplicando en ese periodo la distancia entre la tasa de paro andaluza y la media nacional. Susana fue contundente en su respuesta. Tiró de su tabla de Excel: sostuvo que en 1982, en una tierra subdesarrollada, las mujeres estaban en sus casas y no en el mercado de trabajo y que desde entonces se ha duplicado la población activa andaluza.

El jefe de los populares demostró que el también sabe hacerse la propaganda y presumió de que el PP haya rebajado de 35 a 20 las jornadas necesarias para que 200.000 personas cobren el subsidio agrario, a pesar de la menor actividad por la sequía. E intentó un nuevo encontronazo a propósito de los diez pactos que tiene ofrecidos a la Junta. Aquí volvió al vocabulario grueso: "está aterrada" ante la posibilidad de un pacto sobre financiación, le dijo. E hizo una mijita de victimismo. Acusó a la líder del PSOE de buscar siempre la confrontación y de pretender por sistema aislar al PP.

Díaz estuvo en este punto muy desenvuelta. En la misma tacada cobraron Moreno y Montoro, y Pedro Sánchez de tacón. Le dijo que no esperara que el acuerdo de financiación autonómica lo hiciese Rajoy con el PSOE de España (léase Pedro), que lo que practica Montoro con el fondo de liquidez es usura y que él ya se puede espabilar para defender Andalucía y reclamar el fin del peaje de la autopista de Cádiz, la solución ferroviaria de Granada y Almería, etcétera.

Sobre financiación autonómica versó la pregunta del coordinador andaluz de IU, Antonio Maíllo, que insistió en la doble debilidad de la Junta ante los retrasos del Gobierno en abordar el asunto. Ahí le reprochó que en España el Gobierno de Zapatero promoviera la reforma del artículo 135 de la Constitución para limitar el déficit y que en Andalucía ella ponga una mano para pedir más dinero y con la otra agujeree los ingresos con las rebajas de impuestos que pacta con Ciudadanos.

Díaz le recordó que se está negociando en el Parlamento para tener un respuesta conjunta de Andalucía sobre financiación y que ese grupo de trabajo fue una propuesta del jefe de IU en septiembre. Que Andalucía ha perdido más de 5.000 millones de euros desde 2009 con un sistema de financiación que no garantiza la igualdad. Y explicó sucintamente el modelo que propugna el PSOE andaluz con tres recursos. En ese punto se permitió una alegría que más tarde se cobraría Maíllo.

Dijo la presidenta que le da tranquilidad que el PP de un lado e IU de otro critiquen la política fiscal de su Gobierno. Y el jefe de IU le contestó que el PP aplaudía con las orejas, y que la equidistancia es el centro político, que sólo se declaraba de izquierdas en elecciones. Le reclamó más diálogo para el pacto financiero. Un diálogo que ha faltado en la designación de los nuevos miembros del Consejo Consultivo y que en este legislatura ha faltado para renovar órganos estatutarios como el Consejo Audiovisual o el consejo de administración de la RTVA. En su réplica a este asunto la presidenta tuvo un desliz. Se inhibió de toda responsabilidad en la no renovación de los órganos de representación parlamentaria y señaló al PP, al apuntar que el PSOE tiene la misma representación que en 2015. Debe haber olvidado que el Consejo de Administración de RTVA no se ha sustituido desde la victoria por mayoría absoluta del PSOE de Manuel Chaves en 2008.

La no renovación de estos órganos es un caballo de batalla habitual de Juan Marín, el jefe de Ciudadanos. Ayer volvió sobre algunos de sus fantasmas. Dijo que las iniciativas parlamentarias que no entren en la Cámara antes de marzo ya no verán la luz en esta Legislatura y se refirió a una que considera particularmente sensible: la reforma de la ley electoral. Apuntó dos más: la Ley de Formación Profesional dual y otra que acabe con los aforamientos. Díaz le cogió el guante a la FP dual, ignoró el asunto de los aforamientos y le dio una larga cambiada a la ley electoral, que tan estupenda resulta a los intereses del Partido Socialista: pidió que se dijera con sinceridad si se quiere aumentar el número de diputados o se pretende reducir los de las provincias de Jaén y Huelva. Lo que traducido significa que se va a quedar la cosa como está.

Como Marín también reclamaba diálogo, la presidenta le recordó alguna que otra pechá de hablar que se han dado. Y Teresa Rodríguez aprovechó para echarle en cara tanta jartá de hablar con C's que supone siempre una reducción de ingresos, lo que lleva a que la Renta Mínima de Inserción sólo cubra al 10% de las familias que lo necesitan. Preguntó la jefa de Podemos por la pobreza energética, para a continuación acusar de complicidad al PSOE con el oligopolio eléctrico. Se defendió Díaz acusando a su vez al PP de un pelotazo energético causante de que la electricidad sea tan cara en España. Teresa censuró que las multas de la Junta a las eléctricas sean tan bajas. Y Susana replicó que las sanciones están en función de los abusos cometidos y no en relación a los beneficios de las empresas. Y remató diciendo que está en contra de la nacionalización de las compañías eléctricas.

Año nuevo y buenos propósitos. Pero la vida parlamentaria sigue igual, en este año preelectoral.

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