La Chana se levanta para que el caso de José Miguel Domingo sea el último

  • Los vecinos piden cambios legislativos que eviten tragedias por los desahucios · El presidente del barrio pidió a las personas que atraviesen una situación similar que lo cuenten para poder ayudarles

El silencio que mantuvo José Miguel Domingo durante los últimos años de su vida lo rompieron ayer los vecinos de su barrio. Desde la Plaza de la Unidad le gritaron a los bancos que una hipoteca no vale una vida, que hay que elaborar cambios legislativos que eviten estas tragedias y que no van a permitir que ninguna persona más pierda la vida a cuenta de un desahucio.

José Fernández Ocaña, presidente de la asociación de vecinos de La Chana, lamentó ayer que nadie supiera el problema por el que atravesaba José Miguel Domingo y le pidió a todos los vecinos que estén pasando por esta situación que hablen, que lo cuenten, "porque vamos a apoyar a todas las personas que estén pasando por este trance". "Esto no va a quedar aquí, vamos a seguir luchando con todos los movimientos sociales que están trabajando contra esta lacra", manifestó José Fernández.

Amparados tras la pancarta de la concentración, los hermanos de José Miguel Domingo tampoco fueron capaces ayer de contener las lágrimas, aunque sacaron fuerzas para agradecer el calor que les están prestando sus vecinos. "Donde quiera que esté, mi hermano tiene que estar contentísimo de ver a toda su gente aquí, sus vecinos, sus amigos y su familia", explicó profundamente afectada la hermana de José Miguel, Carmen Domingo.

Entre los vecinos, la rabia se mezcló con la emoción y al grito de "Banqueros usureros", "Caja Rural sal y da la cara" o "Que pague la crisis quien la ha creado", recordaban entre ellos a su vecino. José Miguel Domingo siempre fue un hombre de caracter. Socorro recuerda que cada mañana, al pasar por la papelería, la cubría de besos. Lleva dos días sin pasar por delante del negocio. Demasiados recuerdos. Implicado en la vida de su barrio, José Miguel siempre estaba dispuesto para participar en la cabalgata de Reyes de La Chana y cuando veía que alguien no le podía pagar, no insistía.

Con 47 años, el banco le dio un préstamo de 240.000 euros. Entonces no pareció importante que su pequeño negocio no generara demasiado dinero. Eran otros tiempos. Tiempos en los que los bancos entregaban millones con suma alegría, tiempos en los que el propio banco animaba a los clientes a endeudarse hasta el final de sus días pese a que a muchos no les salían las cuentas con su modesto sueldo.

La sucursal del banco donde José Miguel tenía su dinero es una oficina de barrio. Ayer, los vecinos se preguntaban cómo es posible que nadie avisara a su familia de la situación a la que estaba avocado José Miguel. No entienden por qué nadie le planteó alternativas a su situación y, sobre todo, no entienden cómo las entidades bancarias pueden actuar con tan poca ética y con el único afán del beneficio.

Su rabia se tradujo en gritos a la sucursal que, desde primera hora de la mañana, estuvo custodiada por numerosos agentes de la Policía Nacional. Finalmente la concentración de protesta transcurrió sin incidentes. "La protesta pretende ser un toque de atención a los políticos y a los jueces para que legislen contra los desahucios injustos y tengan en cuenta que una hipoteca no puede valer una vida", explicaba el presidente de la asociación de vecinos.

Desde la Plaza de la Unidad, Carmen quiso también darle el pésame al alcalde por la muerte de su suegro. No dudó en mostrar su decepción porque aquella tarde, ambas familias estaban en salas contiguas en el tanatorio, pero el alcalde no se acercó a darles el pésame por la primera víctima mortal que deja la crisis en Granada.

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