La Línea se juega el 25% de sus ingresos si triunfa el 'Brexit'

  • La localidad gaditana vive el referéndum con temor a perder puestos de trabajo.

La Línea es, casi sin margen de error, la población en la que sus habitantes no tienen derecho a votar hoy, pero que con más incertidumbre y preocupación vive el referéndum mediante el cual Reino Unido decide si continúa o no en la Unión Europea. Las cifras se agolpan para demostrar la dependencia económica que tiene la ciudad de la colonia y cualquier decisión que altere las condiciones de las relaciones entre estos vecinos supone una amenaza para su supervivencia. Tanto es así que entre los habitantes de La Línea se palpa tanto o más interés por los resultados que se conocerán en la próxima madrugada que por los que arrojen las elecciones generales españolas del domingo.

La Cámara de Comercio de Gibraltar hizo público un informe que reflejaba que en 2013 los puestos de trabajo que proporcionaba el Peñón a los españoles suponían el 24% del total de los que existían en la comarca. No es ningún secreto que entre los empleados transfronterizos una aplastante mayoría -algunos expertos lo sitúan en torno al 85%- son linenses o residentes en La Línea. Estos trabajadoresque cada día cruzan la Verja ingresaron en 2013 unos 102 millones de libras, al cambio, algo más de134 millones de euros. Es obvio que la mayor parte de esa cantidad fue luego invertida en suelo español.

A todas esas cifras habría que añadirles las pequeñas cantidades que reciben en negro limpiadoras de domicilios, canguros, cuidadores de ancianos, entre otras profesiones, que no aparecen reflejados en las estadísticas, pero que permiten sobrevivir a un buen número de familias linenses que apenas reciben una ayuda simbólica por parte de la administración española y en algunos casos, ni siquiera eso. Por no hablar del dinero que genera el contrabando, desde el de pequeñísima escala hasta el de grandes proporciones.

La propia Cámara de Comercio gibraltareña calcula que la relación bilateral entre la Roca y la comarca tiene un impacto económico de 743 millones euros anuales, la cuarta parte del Producto Interior Bruto (PIB) de la zona.

El efecto que el Brexit pudiera tener sobre la mano de obra de La Línea, que presenta un 38% de paro -en torno a 9.500 desempleados reconocidos- no es el único golpe que sufriría su ya maltrecha economía. Se cuentan por millares los yanitos que hacen sus compras en España, muy especialmente en las grandes superficies, y los que residen a este lado de la frontera. No es precisamente una casualidad que el precio del alquiler (6,9 euros por metro cuadrado) se encuentra por encima de la media de la provincia de Cádiz (6,22 euros). Esa cifra se dispara cuando se habla de los garajes, porque son muchos los gibraltareños que tienen un segundo vehículo en España, generalmente de alta gama, del que poder disponer durante los fines de semana y que duerme en La Línea el resto de los días.Simplemente una devaluación de la libra, que parece la consecuencia más inmediata de un triunfo del Brexit, ya limitaría la capacidad de inversión de los vecinos en esta parte del sur de España.

Los más viejos del lugar sacan a pasear los fantasmas del pasado y recuerdan que en 1969, tras el cierre de la frontera, unos 4.800 linenses perdieron su empleo en Gibraltar y el número de habitantes en la localidad fronteriza quedó reducido a dos tercios, porque miles de ellos se vieron obligados a emigrar.

Es cierto que ninguna voz autorizada ha valorado aún la posibilidad de que se produzca una ruptura tan drástica y dramática como la de entonces, pero el miedo y los recuerdos han provocado que sea el argumento más utilizado por quienes no conocen la problemática en profundidad para sostener la necesidad de que el Reino Unido no abandone el abrigo de Bruselas.

Lo que sí es cierto es que los tres años en los que por diferentes medidas de presión del Gobierno de Mariano Rajoy las colas se hicieron eternas en la frontera no sólo la economía, sino la vida cotidiana de ambas ciudades se tambaleó hasta límites insospechados. Para los empleados fijos acudir a sus puestos de trabajo suponía un desplazamiento de horas para recorrer una distancia que a pie y en circunstancias normales no va más allá de un cuarto de hora. Para el resto dejó de ser rentable acudir para una reparación menor de, por ejemplo, fontanería, con el consiguiente problema para los que con frecuencia demandaban esos servicios. Eso sin olvidar a los familiares que tuvieron que renunciar a verse con regularidad porque las esperas, de pie durante horas, se hacían insoportables.

Hamidi Mohamed, que se autodefine como "un cuarto de marroquí, un cuarto de gibraltareño y medio de andaluz" lleva más de dos décadas trabajando en Gibraltar y admite que está "asustado" con las posibles consecuencias del Brexit. "Sería como volver al pasado, sería malo para los jóvenes de Gibraltar pero también para los que vivimos en La Línea y trabajamos allí. No se puede permitir que vuelvan a cerrar la frontera, sería la ruina para muchas familias".

Raquel, una trabajadora cualificada que tuvo que aceptar un empleo en una tienda de cosméticos, asume que para ella cambiar la universidad por un empleo "en otro país" supuso "como entrar en un nuevo mundo" en el que es "muy necesario" conocer inglés. "Cuando eres español te ponen más trabas, pero una vez que tienes un trabajo te ves compensado y para las muchas personas que hay en mi situación el Brexit supondría vernos otra vez condenados al paro, porque Gibraltar se está presentando como la única salida para muchos jóvenes", apostilló la joven linense.

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