Malaya: 86 acusados, 490 años de cárcel y 3.800 millones en multas

  • El mayor juicio de la historia de España concluye después de 22 meses de sesiones por las que han pasado 400 testigos · La capacidad de tribunal y de la oficina judicial recaba el aplauso general

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Malaya termina para perplejidad general. Ha necesitado 22 meses, 199 sesiones judiciales y mucha cintura. Veinticuatro horas antes de comenzar había quien apostaba que el por ahora el mayor juicio de la historia de España nunca se celebraría. Jamás se habían sentado tantos acusados en un mismo banquillo ni tantos abogados en un estrado. Nunca antes se había abordado un proceso a la corrupción que incluyera perfiles tan diferentes: políticos, empresarios, funcionarios, abogados, marchantes de arte, policías y hasta amas de casa. La escala a la que se ha movido el caso Malaya, con cerca de 200 personas involucradas entre procesados y defensas, lo hacía parecer un imposible. Sin embargo, mañana lunes está previsto que concluyan las sesiones con la última palabra de los acusados y el caso quede visto para sentencia.

La vista oral comenzó el 27 de septiembre de 2010 con 95 procesados, si bien en junio de este año, la Fiscalía Anticorrupción retiró los cargos a nueve, de modo que siguieron en el banquillo 86 personas para quienes que el Ministerio Público pide en conjunto 490 años de cárcel y multas que en total suman 3.800 millones de euros.

Durante cerca de dos años las sesiones han transcurrido sin una sola suspensión y apenas sobresaltos. Hubo cambios de defensa en el último momento (el principal acusado, Juan Antonio Roca, nombró una nueva abogada en julio de 2010) que en otras circunstancias hubiera provocado un aplazamiento de las sesiones, pero no fue así. Incluso cuatro procesados padecen enfermedades graves y tampoco han reclamado la suspensión.

Una de las defensas, que pide permanecer en el anonimato, califica de "descomunal" la organización tanto del tribunal y de la secretaria como de "la cocina" (la oficina judicial, compuesta por dos interinas y dos funcionarias). "No existía ninguna experiencia similar en España", puntualiza. "Cada día cuando hemos llegado el sistema de audio, con su centenar de micrófonos, funcionaba, el circuito de televisión funcionaba, el sistema informático también y todos los testigos estaban citados. Cada día teníamos una copia en soporte informático de la sesión del día anterior".

Y mientras la parte más visible del juicio seguía su ritmo, con la comparecencia de procesados, defensas y cerca de 400 testigos, la invisible, las cocinas como aludía el letrado, también marchaba a todo tren: en 22 meses se han notificado 2.000 resoluciones judiciales. Se trata de los escritos en los que se aceptan y deniegan pruebas, devuelven o no fianzas carcelarias, responden recursos, resuelven asuntos relacionados con las decenas de sociedades intervenidas y hasta se dan permisos, unas veces para no asistir al juicio ya sea por cuestiones laborales o de salud, otras simplemente para viajar al extranjero. La mayor parte de esos documentos no sólo se entregan al interesado, sino también a las demás partes.

Las magnitudes de Malaya han tenido este calibre desde el primer día. La secretaria judicial adscrita en comisión de servicio a este procedimiento, Inmaculada Núñez, aterrizó en el caso en julio de 2010, es decir, en el último momento. Al llegar descubrió que había 500.000 folios que no habían sido escaneados. "Durante este tiempo he pedido mucho", recuerda. Primero, un espacio para la oficina judicial. Después un escáner. "Existían restricciones presupuestarias, pero se han dado soluciones y ha habido buena voluntad y un buen equipo".

La competición de elogios públicos a la que se han entregado las partes durante el último tramo del juicio para resaltar la labor del tribunal, que preside José Godino y del que forman parte los magistrados Rafael Linares y Manuel Caballero Bonald, y destacar el trabajo de la secretaria y de la oficina judicial es expresiva de la buena relación generalizada que se ha establecido. "He notado que ha habido mucho cambio de actitud", matiza Inmaculada Núñez, en alusión a la postura más irascible que los procesados mostraban en los primeros días. "Ahora en cambio agradecen el trato". La secretaria judicial del caso Malaya resalta que, al margen de cómo sea la sentencia las relaciones tienen que ser así "porque es conveniente que la justicia sea humana y cercana, que nos conmueva".

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