Rubalcaba, después del duelo

  • El mayor activo de Rubalcaba para un PSOE deshilachado es su condición de hombre de Estado, de banquillo por si España necesita otro recambio en esta crisis mutante.

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SERÁN los historiadores quienes mantengan encontrados debates para dilucidar si Zapatero ha sido el peor presidente de la democracia, pero hay algo seguro: como secretario general del PSOE, ha dejado a su partido como un erial.

En la sede socialista de la calle Ferraz no queda nadie, sólo el busto que Emiliano Barral esculpió con el rostro de Pablo Iglesias, aquél que desenterró Guerra del parque del Retiro. Zapatero se marcha al Consejo de Estado; José Blanco, el todopoderoso amo de antaño, deberá ocuparse de sus asuntos judiciales, y el secretario de Organización.... el secretario de Organización es un señor de Huesca que dejará en el Partido Socialista una huella tan imborrable como la de Ciprià Ciscar. Un erial: el PSOE ha sido expulsado por el sufragio de las urnas de todas las instituciones. Bueno, gobierna en Vigo, en Cuenca, en Toledo y en Dos Hermanas; mantiene un Gobierno con el PP en el País Vasco, pero peligra Andalucía, ya bautizada como la última aldea gala por los asesores políticos del PSOE. Falta por saber, no obstante, quién es Astérix y quién Obélix, aunque es recomendable la relectura de La Cizaña, magnífico título de la saga gala. De la Nueva Vía, aquéllos jóvenes que impulsaron a Zapatero al Congreso del año 2000, no queda ninguno: a Jordi Sevilla, el profesor de Economía de por las tardes, le dieron puerta; Jesús Caldera, que también se creyó más listo que ZP, se quedó en una fundación; Trinidad Jiménez ha perdido todas las elecciones a las que se ha presentado, externas e internas, y Carme Chacón, conocida entre los periodistas madrileños como mucho vídeo, poco audio, porque lo suyo no es hablar, sino posar, es vista como un clon del laboratorio del zapaterismo, un paréntesis huero y de final demoledor en la historia de este partido. Le apoya -eso sí- el diputado José Andrés Torres Mora, otro zapaterista que el PSOE andaluz se hubo de tragar en las listas de Málaga en el pasado 20-N. "Mi amigo", subrayó Zapatero en el mitin malagueño de los últimos días de campaña. Menos mal que lo aclaró. ¡Con lo popular que es este hombre en El Palo!

Una persona que ha recorrido durante estos meses las ciudades y los pueblos de España junto al candidato Alfredo Pérez Rubalcaba ha comentado a este medio que el problema, de verdad, es que se han quedado sin partido. Hay, pero se ha quedado maltrecho como una red destrozada y deshilachada.

Otro dirigente andaluz, con el que también ha hablado este diario, culpa a Zapatero del "ruinazo" en el que están metidos. Y un apunte más para acotar el yermo erial: el zapaterismo se cargó a los viejos por antiguos, pero agotó a la generación de entre los 45 y los 55 años. Puede que lo mejor de Zapatero, como presidente, se iniciase justo con su calvario, cuando se despojó de las siglas de ZP aquel 12 de mayo de 2010, cuando el gobernante leyó como un autómata aquellas primeras medidas de ajuste sin estar convencido de ellas. ¿Cómo las iba a explicar a los votantes si él no se las creía?

Sí, tal como suele mantener un sociólogo de alto prestigio en Andalucía, el PSOE cuenta con programa -Rubalcaba lo ha defendido durante estos meses- y, si no, lo copia de Dinamarca, que países de genética socialdemócrata los hay a puñados en la Unión Europea; tiene entre sus filas cuadros suficientes, pero cortocircuitó su comunicación con buena parte de sus bases electorales. Se les llenó la boca de palabros inteligibles como sostenibilidad, áreas metropolitanas del conocimiento, ecosistema de empresas, y se olvidaron de los suyos. Vamos, que hay algunos que no han visto ni un pobre ni una barriada y, además, presos de su vocación de partido de gobierno, acarrean muchos problemas para conectar con la izquierda más reflexiva, ésa que vota con una tesis doctoral delante.

Así, que el próximo secretario general de los socialistas cuenta con dos retos: reconstruir su partido, que se encuentra en un punto de partida peor que el del año 1977, y comenzar a ganar instituciones. El PP de Aznar lo hizo cuando heredó de Fraga aquellos gallifantes que aún llevaban en sus oscuros y tristes trajes las viejas siglas de AP. Pero hay un asunto más: la crisis mutante a la que se enfrenta Europa, que va camino de la depresión después de la doble recesión, obliga al socialismo español a contar con una persona de Estado en el Congreso de los Diputados. Rubalcaba lo es, y es posible que ya no acepte más cargos de exposición pública sin ser secretario general. El PSOE debe contar con eso por varias razones: porque el país lo requiere y porque Rajoy se enfrenta a una legislatura tan complicada como aquélla de Suárez que se alivió con los Pactos de la Moncloa, antecedidos de meses en los que la inflación rozaba los 40 puntos.

Rubalcaba cuenta a priori con el apoyo de Andalucía, aunque su secretario general, José Antonio Griñán, no lo exprese, pero tiene a su lado a todos los secretarios provinciales y a la mayor parte de la dirección andaluza. Sólo cabe de la duda de qué podrían hacer Mar Moreno y los suyos, básicamente los consejeros Clara Aguilera y Álvarez de la Chica. La consejera de Presidencia siempre ha sido zapaterista, y Zapatero -no se engañen- aún sorprenderá con alguna pirueta. Ello no quita que hay muchos líderes locales, dirigentes actuales y antiguos mandatarios andaluces que, sin ser de Chacón, opinan que quizás sea tiempo de buscar otro secretario general, sin ligazón con los gobiernos de Zapatero y alejado de la debacle del 20-N. ¿Pero quién? El zapaterismo ha dejado un rastro de pavor a los experimentos.

También es cierto que Rubalcaba aún no ha finalizado de deshojar su particular margarita, tantea los apoyos, pero esta semana se tuvo que suspender una reunión de felipistas asolerados -Solchaga y Corcuera, de líderes- para evitar una identificación del ex ministro del Interior con la vieja guardia. Querían una gestora en vez del congreso de Sevilla. Pero algo está claro. Según han explicado varias fuentes, Rubalcaba resolverá su enigma en los primeros días de 2012, el debate de investidura de Rajoy no será el escenario para abrir este partido interno porque los malos datos económicos pesan, y todavía más a Rubalcaba que a Rajoy. Entre el 23-D y el 9-E.

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