cinco llagas

Sevilla tiene un olor especial

  • Debate de campaña. La sesión de control de ayer estuvo muy porfiada, con nervios por todas partes, lo que permite vislumbrar elecciones autonómicas en un horizonte próximo

La presidenta y el vicepresidente de la Junta celebran los desplantes al PP del portavoz socialista, Mario Jiménez. La presidenta y el vicepresidente de la Junta celebran los desplantes al PP del portavoz socialista, Mario Jiménez.

La presidenta y el vicepresidente de la Junta celebran los desplantes al PP del portavoz socialista, Mario Jiménez. / Carlos Márquez / EUROPA PRESS

Sevilla tiene un olor especial. En Los Remedios huele a Feria y en la Macarena a elecciones. Las autonómicas andaluzas serán antes de un año y sus señorías no sólo se juegan el prestigio de su marca, el poder de su partido; sino su empleo, su pan. Así que hay nervios; ayer, hasta una bronca entre Díaz y Rodríguez. Y muchos diestros toreando fuera de sitio en la sesión de control a la presidenta en el Parlamento andaluz.

Por ejemplo, Juanma Moreno haciendo un canto a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en el que parecía pedir un puesto en la dirección del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso para la próxima Legislatura. O el portavoz del PSOE, Jiménez Díaz, cada vez más intercambiable con su compañero de escuela Rafael Hernando, diputado del PP por Almería, que hace su misma labor en el Congreso, con igual estilo e inelegancia.

Jiménez simula que pregunta a la presidenta para chotearse de Moreno, del PP, del Gobierno y de Rajoy sin que puedan contestarle. Salvo la presidenta, que entona un 'me alegro que me haga esa pregunta' y se suma a la fiesta de oposición al Gobierno. Un comportamiento poco edificante; pero ellos son felices, jaleados por su parroquia. Así no dan ejemplo de tolerancia. Pero ya huele a elecciones; no falta mucho.

Moreno preguntaba ayer por Córdoba. Está de turné; en la pasada sesión se interesó por Jaén. El jefe de los populares se quejó de un crecimiento desequilibrado de la economía andaluza y lamentó de que fuese la segunda provincia española con más paro, donde han desaparecido miles de empresas desde la crisis. Reprochó a la Junta que dejara de gastar millones en fomentar el sector agroalimentario, en el que Córdoba tiene un gran potencial.

Juanma no anduvo afortunado en dos asuntos. El primero fue una defensa de los PGE en la que dejó descubierto un flanco por el que su adversaria le ganó el debate con claridad. Dijo que mientras ya hay zonas despobladas en Córdoba, la presidenta gasta toda su pólvora contra los Presupuestos del Estado.

Le contestó bien Susana, que brilla más cuando no actúa con ventajismo, aduciendo que Córdoba es una de las siete provincias peor financiadas de España. Añadió que cuatro de las siete provincias peor financiadas son andaluzas. Y más: que con una financiación justa, Andalucía tendría 6,2 puntos más de PIB. Añadió que Moreno hace de manijero, recadero y cómplice de Rajoy. Y puso un disco de autopromoción repetido en estas sesiones: desde que yo soy presidenta hay 500.000 parados menos, somos la tercera comunidad autónoma con menos deuda por habitante, este año vamos a tener el mayor PIB de la historia de Andalucía, etcétera.

El presidente regional del PP empezó a defenderse con acierto al indicar que la Junta dejó de dar sus presupuestos provincializados para evitar este tipo de controles. Y en lugar de seguir ese camino, cometió un segundo error: pretender hacer creer que la jefa del PSOE andaluz está a las órdenes de Pedro Sánchez. Se podrá acusar a Díaz de algunas cosas, pero la que resulta menos creíble es que siga el guión de Ferraz, como pretendió ayer Moreno, que llegó a decir que su antagonista debía elegir entre Sánchez o los andaluces. Ni Jiménez puede superar ponerle una carambola más fácil a la presidenta.

Y la aludida embocó todas las bolas de la mesa. "Yo no tengo que pedir permiso a nadie", dijo solemnemente. Y podía haber añadido, parafraseando a Rajoy, "y menos a ese señor del que usted me habla". Pero no lo dijo, aunque lo pensara. Y remató afirmando, con un punto de crueldad, que el PP había entrado en el consenso sobre financiación por miedo. Lealtad de socio se llama eso. Huele a elecciones.

La presidenta se las tuvo tiesas con los portavoces de IU y Podemos y volvió a tratar con condescendencia al jefe de Ciudadanos. Juan Marín le intentó sacar brillo a la contribución de C's en los Presupuestos andaluces de 2017. En su balance subrayó que ha crecido la recaudación un 5,66% a pesar de haber reducido el impuesto de sucesiones, lo que le lleva al sofisma de que bajando impuestos se recauda más. Díaz presumió de una ejecución presupuestaria del 96,4% y puso otro disco de autopromoción conocido, relativo a la recuperación y ampliación de derechos.

Marín replicó que hay sombras en la inejecución de los presupuestos de 2017 en materia de inversiones autofinanciadas o en partidas para la creación de empleo. Y lamentó el retraso de la puesta en marcha de la prometida oficina contra el fraude, que nunca llega, asunto sobre el que incidiría más tarde la portavoz de Podemos Teresa Rodríguez. Marín terminó con un intento de enseñar los dientes, que le salió suave: entonó que la gestión de la Junta de los presupuestos es muy mejorable. Díaz puso otro disco de autopromoción, este nuevo: que según un informe del Ministerio de Hacienda, Andalucía lidera la inversión pública entre las regiones españolas. Y reprochó a Ciudadanos que apoye en el Congreso unos PGE que maltratan a Andalucía.

Con Maíllo la confrontación fue por la sanidad pública. Criticaba el portavoz de IU los convenios con Clínicas Pascual en la provincia de Cádiz, para concluir que la sanidad no es universal y gratuita en toda Andalucía. Replicó Díaz que le hacía el juego a la derecha. Y enumeró varias mejoras en la cartera de servicios. El portavoz de IU le dijo que su defensa de lo público era un fraude, por una reclamación ante la Comisión de Defensa de la Competencia previa a renovar el concierto con Pascual.

La presidenta lo tachó de demagogo e hizo un Lopera: ¿dónde estaba usted cuando en el Gobierno [de coalición] se hacían convenios con Pascual? Y concluyó con su muletilla favorita cuando ataca a la izquierda: "usted quiere ganar puntos en la sopa de letras (la convergencia con Podemos) haciendo el juego a la campaña tóxica de la derecha".

El más tormentoso de los intercambios fue con Teresa Rodríguez, tras varias sesiones en las que la portavoz de Podemos ha cedido el turno de interpelación a otros diputados de su grupo. Rodríguez le ha reprochado un cifuentazo, trato de favor con falsificación, en la Delegación de Educación en Sevilla y las ayudas a la Fundación Guadalquivir de Córdoba, donde se han conocido mordidas en el sueldo de los trabajadores.

Ahí empezó un intercambio de descalificaciones personales. Susana: "Ni soñando es usted más honesta que yo. Se ha creído que ha habido un enorme avance de la democracia desde que está usted aquí. Usted practica un sectarismo antisocialista". Teresa: "No estoy contra el socialismo, estoy contra el susanismo. Usted no puede no permitirme nada. Ni a mí, ni a los jueces, ni a los medios. Se están juzgando 20 años de gobiernos que han usado el dinero para ganar elecciones con redes clientelares". La presidenta la acusó de palabrería. De querer manchar al PSOE , de tener una pugna con IU a ver quién la dice más gorda, de estar retratada con el famoso "con el PSOE ni muerta", y -cómo no- de estar al socorro del PP.

Tormenta de primavera. Huele a Feria y a elecciones. Sevilla tiene un olor especial.

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