El fiel andaluz

PESE a la abrumadora victoria del Partido Popular el 20-N en Andalucía -o quizás precisamente por ella-, y sobre todo por la cita electoral autonómica de marzo, Sevilla será en febrero no sólo la capital andaluza sino la capital política española. En fines de semana alternos, la ciudad hispalense acogerá primero a los socialistas, en busca más de una refundación que de una catarsis, y después a los populares, que entronizarán por tercera vez a Mariano Rajoy, aunque por primera vez cubierto del manto púrpura del poder institucional.

Y aunque Andalucía será protagonista en ambas citas, dicho desde la importancia que ambos partidos conceden a estas elecciones autonómicas, creo que será en el cónclave socialista donde lo será con mayor rotundidad. Y sostengo esto porque no veo en la elección de la sede de estos congresos un factor decisivo para el votante andaluz, pero sí creo que el cuerpo electoral andaluz será decisorio para la cita del PSOE.

No cabe duda de que la federación andaluza, como la más numerosa y potente de todas las que se reúnen, tendrá mayor capacidad de decidir quién lidera el partido en este nuevo tiempo que mientras no se le apellide seguiremos llamando poszapaterismo.

Los gestos de los protocandidatos socialistas hacia Andalucía y su presidente, al tiempo secretario general andaluz, son la mejor muestra de que aportar uno de cada cuatro delegados al congreso tiene su importancia.

Observo, empero, que se dibuja un fiel andaluz que decidirá lo que ocurra. Y eso no lo barrunto tan nítido. Primero porque un 25% aislado puede perder ante una mayoría alternativa. Y segundo, para mí mucho más relevante, porque creo que hoy por hoy nadie garantiza un voto andaluz monolítico en el 38º Congreso Federal. ¿Hay un solo PSOE andaluz? ¿Tiene la dirección de Pepe Griñán una hegemonía indiscutible? Para responder a estas interrogantes basta con recordar el llamamiento a la unidad hecho por el propio secretario general en el Comité Director posterior a la derrota de noviembre. Gritar prietas las filas ante lo que hay en juego demuestra más debilidad que fortaleza. Y los hechos demuestran que hay luchas internas en casi todas las provincias y en varias, con Cádiz como paradigma, se discute la acción política de la actual Ejecutiva Regional, la primera que ha perdido ante el PP dos elecciones consecutivas.

En el último congreso equiparable a éste, el que ganó Zapatero en 2000 por nueve votos, Andalucía sí llegó con una posición monolítica de apoyo a José Bono, pero bastaron escasas disidencias, contadas por unidades más que por decenas, para que el manchego perdiera. Si entonces no hubo un único fiel andaluz que decantara la balanza, quién garantiza que ahora, con un liderazgo más débil y discutido que el de Manuel Chaves, sí lo habrá.

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