Las formas de la banda de Malax

  • Los investigadores que han desarticulado la organización delictiva formada por ciudadanos lituanos responsables de tres secuestros relatan los detalles

Malax sabía que su banda debía ser despiadada y extremadamente profesional a la hora de actuar. Planificaba los secuestros con la precisión de un cirujano -incluyendo seguimientos, análisis de las rutas de escape y un trabajo previo de infraestructuras- y no dudaba en emplear la violencia para lograr sus objetivos. Una concepción delictiva que contrastaba con las formas que exhibían durante sus golpes. Él y sus tres subordinados, sobre los que ejercía una disciplina militar, están ya en prisión. El lunes fueron detenidos en la Axarquía malagueña tras una laboriosa investigación conjunta de la Policía Nacional y la Guardia Civil que ha permitido imputarles su participación en dos secuestros exprés en Cádiz y Sevilla y otros delitos. Unas pesquisas intensificadas durante el último mes y a través de las cuales los investigadores han descubierto a unos delincuentes muy particulares.

El inspector jefe de la Sección de Crimen Organizado de la Udyco describió con un ejemplo la dicotomía que caracterizaba. "En el rapto de una familia que realizaron en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) maniataron y amordazaron al matrimonio y a sus hijos. Un vecino de éstos entró en la casa y fue reducido y agredido violentamente. Después de hacer esto, se dirigieron con mucha educación a sus víctimas y les solicitaron permiso para fumar", señaló.

La corpulencia de Malax y de sus compañeros, entre los que se encontraba su propio hermano, era de por sí un arma disuasoria. El mando policial recordó un episodio que vivieron en la lejanía durante una de las numerosas vigilancias realizadas. "La banda se reunió con un grupo de árabes y durante el transcurso de la cita uno se levantó gritando y haciendo aspavientos. Pero Malax, que aún sentado estaba a la misma altura que el otro individuo, permaneció impertérrito. Con su actitud se zanjó la conversación".

La citada fuente explicó que los indicios apuntan a que la organización tenía pensado robar droga a alguna red de narcos, pues el 1,2 millón de euros en billetes de 500 falsificados que se intervino en los registros posiblemente fuesen destinados a un pago ficticio.

Los detenidos tenían conocimientos en el uso de armas de guerra, que empleaban para cometer sus delitos, derivados de la instrucción militar que habían recibido en su país de origen y que aplicaban en los secuestros.

Los domicilios que tenían alquilados en Vélez-Málaga y Torrox eran sus bases de operaciones y desde ellos se desplazaban a otras provincias para delinquir. Hasta ahora no se han encontrado pruebas que demuestren actuaciones en Málaga.

Durante sus traslados utilizaban técnicas de conducción para despistar a posibles perseguidores y siempre iban comunicados para avisar de la presencia de patrullas policiales y hacían labores de contravigilancia.

El inspector jefe destacó que el modo de vida que llevaban era muy austero. No tenían conflictos que pudiesen delatarles y su ritmo de vida no llamaba la atención. "Eran casas sencillas, aunque en su interior ocultaban lo ultimo en tecnología audiovisual. Malax llegó a pasar seis horas en una gasolinera y consumir únicamente un café".

La peligrosidad de los componentes de la organización era manifiesta: el líder es considerado en su país como uno de los delincuentes más conflictivos.

Malax y su banda fueron puestos el jueves a disposición judicial y ya han sido encarcelados, pero los agentes tienen el convencimiento de que se los volverán a encontrar.

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