El hombre que murió dos veces y lo cuenta

  • El SAS da por muerto a alguien que ya fue borrado del censo hace cinco años

Joaquín C. S., 37 años, de Huelva, se mira al espejo y no ve nada que ya no sepa. Lo mismo de cada mañana. Ahí está él, reflejado. Sin embargo, Joaquín C. S. está muerto. Y no es la primera vez. Joaquín C. S. ya sabe lo que es morirse. Porque Joaquín C. S. ya ha muerto antes. Ahora es la segunda vez que lo hace.

El hombre se entera en la farmacia de que está muerto. Y es su botica habitual. No es un desconocido. Acude a retirar medicamentos para una enfermedad crónica y recibe la noticia de que no los necesita. ¿Para qué los quiere, si ya está muerto? Otra vez, se dice Joaquín. Ya estamos como la otra vez. Muerto. Porque en la farmacia le dicen que su tarjeta ha sido desactivada "porque ha fallecido". Así que en la farmacia hablan con un muerto. Eso fue lo que le dijo Joaquín C. S. a la farmacéutica. "Está usted hablando con un muerto y el muerto le está hablando a usted", bromeó Joaquín C. S., que ya más serio, denunció que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) lo ha "matado por error" al confundir su numeración de la tarjeta sanitaria con la de un fallecido.

Sería un fallo más, con la importancia que cada cual le quiera dar, pero con la diferencia de que en el caso de Joaquín C. S. es algo reincidente: hace cinco años ya le ocurrió lo mismo después de sufrir un error similar en el censo electoral. Así que Joaquín C. S. volvió de entre los muertos, un caso digno de Alfred Hitchcock que ayer recogió Viva Huelva.

El hombre se dirigió al Instituto Nacional de la Seguridad Social para comprobar qué había ocurrido. En este organismo no constaba como muerto. Menos mal. "Me dijeron que todos los datos estaban en orden", relata Joaquín C. S. a Efe. Le recomendaron que consultara en la Consejería de Salud de la Junta. Él no se notó nada, pero de camino debió volver a morir -así que ya serían tres veces-, porque en su su centro de salud le confirmaron que su tarjeta "se había desactivado por fallecimiento". Para el SAS era un muerto. Al igual que en la farmacia, el ambulatorio fue escenario de otro expediente x: funcionario y paciente (vivo) sostuvieron otra conversación. Fluida, sin problemas.

"La persona que me ha atendido no ha podido evitar reirse cuando me ha dicho que estaba muerto", cuenta Joaquín C. S., que no pierde el sentido del humor, quizá ya acostumbrado. Porque no es la primera vez. Tiene experiencia como muerto. Sabe qué eso. "Y me ha dicho que es algo que no suele ocurrir, pero puede pasar al modificar los datos de una persona realmente fallecida, y finalmente, sin evitar las risas, me lo han solucionado". Esta vez no ha sido la medicina. Una simple operación informática ha devuelto a Joaquín C.S., con sus 37 años, al mundo de los vivos.

Ya resucitado, Joaquín C. S. recuerda que hace cinco años, cuando acudió a votar, le dijeron en la mesa electoral que había fallecido, "lo que provocó otra situación irrisoria". En aquella ocasión lo confundieron con su padre, fallecido un mes antes. Entonces, tras varias horas de gestiones, pudo votar. Esta vez también ha podido solucionar su caso, y subraya que haya sido así porque lo que tiene que comprar en la farmacia son medicamentos para una enfermedad crónica, y evidentemente era un problema.

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