El ex marido de Piedad Pacheco justifica que le disparó por "susto"

  • M. M. C. se enfrenta a 27 años de prisión por asesinar supuestamente a su ex mujer con una escopeta el día 1 de enero de 2006 cuando ella recogía aceitunas

"Me entró una cosa rara cuando la vi correr y disparé. Me dio susto", intentó justificarse ayer el ex marido de Piedad Pacheco, una vecina de Priego de Córdoba que en 2006 se convirtió en la primera víctima del año de la violencia machista. El Ministerio Fiscal solicita 27 años de prisión para M. M. C. por un presunto delito de asesinato, un asesinato en grado de tentativa por encañonar supuestamente al compañero de la víctima y un delito de malos tratos. La tragedia se produjo en la tarde del día 1 de aquel año, después de que el presunto asesino pasara solo la Nochevieja. "Salí por el campo con una escopeta a cazar zorzales. Iba andando por un olivar y de pronto oí una máquina de coger aceitunas. Me acerqué y reconocí las voces [de su ex mujer y del compañero de ella]. Fui a pedirle explicaciones porque la niña no quería estar conmigo", declaró el procesado.

El presunto asesino llevaba una escopeta en el hombro: "Les dije buenas tardes y les pregunté qué hacían. Ella salió corriendo y a mí me entró una cosa y disparé. No me amenazaron", reconoció el encartado. M. M. C. tiró tres veces contra su mujer, que cayó al suelo aún con vida. A continuación, se aproximó, la encañonó y apretó el gatillo por cuarta vez: "Disparé y no miré siquiera", confesó el presunto asesino. Luego apuntó al compañero sentimental de Piedad Pacheco, que logró escapar ileso en su vehículo. "Me quedé dando vueltas por el campo. Escondí la escopeta y los cartuchos", narró a preguntas de la Fiscalía. A la mañana siguiente, acudió a un bar de Algarinejo y pidió a los vecinos que llamaran a la Policía. A los pocos minutos, una patrulla de la Guardia Civil que seguía su rastro lo detuvo: "Yo no tenía la intención de matarla. Y a él no lo encañoné ni impedí que se fuera", insistió.

La pareja había roto después de 20 años de convivencia. "Los problemas que hubo fue que ella estaba mal. Dormía mucho y le dolía la cabeza, pero no existían problemas de pareja. Ella iba a curanderos, a médicos", explicó el procesado. En ocasiones, la víctima amenazaba con suicidarse, según el acusado porque "el chófer que llevaba a la niña al colegio la amenazaba". En cambio, negó que se pelearan continuamente y que él la obligara a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad. También subrayó que nunca la había amenazado y aseguró que le dio "igual" que Piedad Pacheco hubiera empezado otra relación sentimental después de la separación.

El agente que detuvo a M. M. C. en el bar lo describió como una persona "decaída, preocupada, que sabía lo que había hecho". "No nos mencionó que había salido a cazar zorzales, colaboró y nos llevó directamente al lugar donde había ocultado la escopeta", describió el agente, que declaró a través de una videoconferencia. El guardia describió que el presunto asesino tenía aquel día una actitud "normal, pero de una persona derrumbada porque sabía lo que había hecho". "Nos pidió una pastilla porque le dolía la cabeza", concluyó.

Los agentes encargados del informe de balística descartaron cualquier duda de que los cartuchos encontrados en el escenario del crimen no se correspondieran con la escopeta del procesado. Los forenses, por su parte, describieron que el cadáver presentaba tres zonas claras de impacto de los cartuchos, uno en la espalda -que le provocó la muerte en pocos minutos al afectarle órganos vitales-, otro en el hombro derecho y el último en la zona izquierda de la cadera.

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