Vertido de boliden

El río que renace de los lodos

  • La ampliación del corredor verde es la principal reclamación a los diez años de la catástrofe de Aznalcóllar · La industria de la aceituna de mesa es hoy el principal contaminante del Guadiamar

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Diez años después de la rotura de la balsa de residuos de la mina de Boliden en Aznalcóllar, el Guadiamar se ha transformado en un río vivo que ha perdido en el curso de una década dos de los elementos que forjaron su carácter: ni es un río minero, con el cierre de la corta de Aznalcóllar, ni da de beber de forma natural a Doñana ya que continúa en pie el muro de defensa que se levantó para evitar que la riada tóxica alcanzara el parque.

Sellado de las bolsas de aznalcollar

Este afluente del Guadalquivir, lleno ya de problemas antes del accidente en Aznalcóllar, encontró hace hoy diez años su muerte, ahogado en una ola tóxica de lodos de pirita. También ese día dio los primeros pasos para su recuperación y en 2008 se trata de un río en unas condiciones medioambientales mejores que las que tenía antes del 25 de abril de 1998. Todos los actores implicados en los trabajos de recuperación coinciden en que se ha aprobado con nota la asignatura. La lectura del mayor siniestro ambiental en la historia de España (unas 100 veces mayor que el del Prestige) varía mucho, sin embargo, según el encargado de realizarla. Mientras que ecologistas y comunidad científica insisten en lo que queda por hacer, la administración prefiere detenerse en lo mucho hecho, con más de 300 millones invertidos en la limpieza y restauración y siete millones de metros cúbicos de lodos recogidos. Apenas quedan rastos de contaminación en los suelos y la cuenca, ahora transformada en corredor verde, ha ganado biodiversidad.

"Los problemas de contaminación en el Guadiamar no han desaparecido diez años después de la catástrofe minera, pese a la inversión realizada por las administraciones", señaló ayer Mario Rodríguez, director de Campañas de Greenpeace.

El Guadiamar sí continúa siendo un río con problemas, pero éstos no vienen del vertido tóxico de hace una década, sino de otras actividades. "Se ha perdido la ocasión de realizar todas las tareas necesarias, dándose la paradoja de que el río que se supone regenerado recibe caudales urbanos sin depurar y vertidos industriales de salmueras y lejías, unos y otros claramente fuera de la normativa vigente", mantiene el catedrático Francisco García Novo, miembro de la comisión científica del programa Doñana 2005. Medio Ambiente reconoce que el principal problema del Guadiamar está ya lejos de la mina, el principal enemigo del río es ahora la industria del aderezo de la aceituna de mesa.

"Quedan dos cosas pendientes, la guinda del pastel en esta recuperación: mejorar la funcionalidad del corredor verde, y el sellado definitivo de la presa puesto que sigue entrando contaminación en el río Agrio", sostiene Miguel Ferrer, director de la Estación Biológica de Doñana cuando se produjo el vertido. Sobre el sellado de la mina, la Junta niega que se estén produciendo esas fugas y considera que lo que llega al Agrio (el afluente del Guadiamar que debe su nombre al tono rojo de sus aguas) proviene de las escorrentías herencia de la intensa actividad minera que ha tenido la zona desde el siglo XVIII.

Sobre el segundo asunto, ampliar el corredor verde, silencio. La Consejería de Medio Ambiente reconoce dos problemas para ejecutar esta tarea: la zona que se quiere ampliar se vio afectada por el incendio de Riotinto, actualmente se trabaja en su regeneración, y en el tramo del Agrio entre la balsa de Aznalcóllar y el Guadiamar persisten problemas de contaminación.

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