¿Quién cuida al cuidador?

  • El taller de abuelas cuidadoras recorre la geografía rural sevillana aportando nociones que combatan la sobrecarga física y emocional que sufren abuelas con cargas familiares.

Antes de las 8 de la mañana comienza la jornada para miles de abuelas de la provincia de Sevilla. La incorporación de la mujer al mercado laboral ha propiciado el refuerzo de la figura de la abuela como responsable de la crianza de los nietos. En este caso, muchas se encargan de enviar al nieto al colegio o guardería, le garantizan un suculento almuerzo y efectúan su cuidado en la franja vespertina de trabajo de los progenitores. 

Tareas que para la mayoría de las yayas sevillanas son sencillamente encantadoras, pero que irremediablemente conllevan una sobrecarga física y emocional que puede llegar a derivar en graves desequilibrios somáticos y psíquicos. Estamos ante el contemporáneo síndrome de la abuela cuidadora.

Este problema, objeto de estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se hace especialmente frecuente en entornos rurales de nuestra provincia, donde varios factores resultan determinantes para su proliferación. El principal es el modelo de educación androcéntrico recibido, que las hace sentirse obligadas a asumir responsabilidades en solitario con cargas demasiado pesadas. También influye la incidencia de los trabajos temporeros en explotaciones agrícolas, que obliga a las madres a recurrir a la abuela durante el periodo necesitado en esa ocupación. 

Detectada esta problemática, la Diputación Provincial de Sevilla inició en 2006 una programación de talleres dirigidos a ese colectivo de mujeres maduras que sufrían el denominado como síndrome de la abuela esclava. "Vimos la luz de alarma, porque paulatinamente aumentaban las responsabilidades de las abuelas, que incluso llegaban al sobreesfuerzo", señala Antonio Manuel Mateos, técnico del área de Cohesión Social e Igualdad de la Diputación de Sevilla y coordinador del programa Abuelas Cuidadoras.

En esta tesitura, la institución provincial fraguó planes lectivos específicos a liberarlas de las presiones añadidas resultantes de las muchas tareas que solucionan. "En ningún momento se planteó difundir una visión negativa del cuidado de los nietos. Es más, se las animó a continuar con la crianza, pero pretendemos mostrarles métodos que redunden en una revisión de los roles familiares, para que estos trabajos puedan ser compartidos y se les informó del perjuicio del estrés ocasionado". 

De esta forma, cinco municipios de Sevilla inauguraron en el otoño de 2006 la experiencia piloto del taller de abuelas cuidadoras: El Cuervo, Algámitas, La Puebla de Cazalla, Alcolea del Río y Fuentes de Andalucía.  Puestos a valorar los resultados obtenidos, el área de igualdad provincial observó un importante impacto positivo. "Las asistentes mostraron su predisposición a repetir. Hubo una gran aceptación y para el siguiente año triplicamos la presencia de talleres en los municipios sevillanos".

Cinco años después de su implantación estos talleres se han revelado como un auténtico éxito en asistencia y aceptación, con una tendencia al alza desde los cinco talleres piloto en 2006, 15 talleres en 2007, 2008 y 2009, los 20 talleres del pasado año 2010 y llegando su edición de 2011 hasta 38 pueblos y 40 talleres, ya que dos municipios lo han impartido por duplicado. En total han sido unas 1700 las abuelas que en el último lustro han disfrutado de una opción que potencia su propio desarrollo personal.

El perfil habitual que aglutina a las participantes las califica como mujeres con una edad en torno a los 60 años, sin trabajo remunerado, procedentes del ámbito rural y con hijos e hijas que por motivos fundamentalmente laborales, no pueden asumir sus obligaciones parentales.

Este es el ejemplo de Ana Rodríguez, de El Coronil, una de las abuelas que ha tenido la oportunidad de participar en distintas ediciones. "La primera vez quedé tan encantada con el taller que decidí repetir. Me ayudó mucho porque reforcé mi autoestima y aprendí a compaginar las labores familiares". Ana, de 66 años de edad y cinco nietos con edades comprendidas entre los 18 y los 4 años, fue una de las responsables de que El Coronil ostente una asociación de abuelas cuidadoras, nacida bajo el auspicio del primer taller, en 2007. Superyaya, así llamada "por la ocurrencia de una abuela muy joven", es un grupo de autoayuda que intercambia experiencias en el cuidado familiar de 25 vecinas que han pasado por estos talleres.

 "Esa es otra de la direcciones que tiene este taller, impulsar la creación espontánea de grupos de autoayuda, como marcos de apoyo emocional y de convivencia positiva una vez finalizado el programa", añade el coordinador provincial. Sensaciones positivas heredadas de este taller que también comparte Esperanza Márquez, abuela de tres nietos de Villamanrique de la Condesa. "Me ha parecido muy interesante y ha servido para encontrar soluciones y valorarnos nosotras mismas". Sin embargo, Esperanza reconoce que no ha aplicado del todo los preceptos aprendidos. "Sólo un poco, porque yo me vuelvo loca cuidando a mi nietos. Pero sí he aprendido a controlar el estrés".

Además, Esperanza es presidenta de la Asociación de Pensionistas Mures, de la que ofrece una perspectiva común de satisfacción con la celebración del taller. "Entre nosotras ha tenido mucha acogida. Es interesante que participemos, para escuchar  a otras abuelas". No menos interesante es la opinión que muestra desde Las Cabezas de San Juan Cecilia Dávila, la abuela de David, de cuatro años de edad. "Ha sido la primera vez que participo y me ha encantado. Reconozco que nunca he padecido sobrecarga ocasionada por el cuidado de mi nieto, es un placer cuidar de él, pero sé que estos programas son muy positivos para que aprendamos a combinar las labores familiares con el crecimiento personal, que al final es bueno para nuestra salud y mejora las relaciones con los seres queridos". Cecilia también destaca "los diferentes enfoques según la situación de la persona", que ha podido conocer gracias a la variedad de participantes.

Experiencias que no han tenido un único efecto unidireccional, sino que se han visto reflejadas en los responsables de las lecciones. "Me han servido para enriquecerme, y comprender aún mejor las causas que han provocado el síndrome", en palabras de Manuel Pardo, psicólogo y uno de los monitores de estos talleres desde 2007. "He intentado transmitirles habilidades como relajación y organización del tiempo libre, porque en términos generales una abuela es tan activa que no sabe relajarse ni delegar. Son personas con una gran fortaleza psicológica, fruto de los años de trabajo y lucha constante, suelen ser sanas y fuertes de mente, pero no son de hierro y se estresan mucho cuando con los años ya no soportan igual de bien las cargas familiares".

Estos programas, impartidos de forma gratuita con la financiación de Diputación de Sevilla y la Consejería de Igualdad y Bienestar Social, han contado además con un servicio de ludoteca paralelo, que permitía el cuidado de los pequeños mientras las abuelas acudía a las clases. Se han desarrollado durante 6 sesiones de dos horas y media de duración con unas cuotas de inscripción que ha oscilado entre las 15 y las 20 abuelas.

En este mes de diciembre será la finalización de los talleres de la convocatoria de 2011, el próximo día 5. Sin embargo, la clausura oficial del programa reunirá a muchos de los participantes en un encuentro provincial de abuelas cuidadoras, que se celebrará el próximo 14 de diciembre en el Teatro Riberas del Guadaíra de Alcalá. Allí compartirán experiencias y presumirán de nietos. A los que crían con valores y con los que siguen embelesadas, pero con la sapiencia de controlar el estrés y el trabajo acumulado.

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