Ana Juan retrata al enigmático Wakefield

  • Nórdica conmemora su quinto aniversario con una edición ilustrada del más célebre relato de Nathaniel Hawthorne

Wakefield. Nathaniel Hawthorne. Ilustraciones de Ana Juan. Edición bilingüe. Trad. maría José Chulián García. Madrid, 2011. 76 páginas. 15 euros.

Hoy, como en el siglo XIX, quien se ausenta por un tiempo de sus responsabilidades corre el riesgo de perderse para siempre. Pero la tentación de desaparecer de la propia vida es a veces demasiado fuerte: trabajos alimenticios, relaciones alienantes, el peso de la rutina... El autor estadounidense Nathaniel Hawthorne (Salem, 1804-Plymouth, 1864) ya planteó estas cuestiones en una fábula terroríficamente ambigua, Wakefield, que Borges consideraba "el mejor relato de su autor y acaso uno de los mejores de la literatura". Ahora, al cumplir sus primeros cinco años, Nórdica recupera este relato en su deliciosa colección Ilustrados, en edición bilingüe y acompañado de los dibujos de la valenciana Ana Juan, colaboradora habitual de The New Yorker y Premio Nacional de Ilustración 2010.

Ana Juan es hoy, posiblemente, la más internacional de las creadoras españolas que compaginan su trabajo para periódicos y editoriales con una trayectoria personal que integra el dibujo, la pintura, la historieta y, en su caso, también la escultura. Vinculada a la movida madrileña en sus inicios -tras licenciarse en Bellas Artes se estableció en la capital española e hizo currículo en las transgresoras revistas Madriz y Luna-, con los años Ana Juan suavizó su estilo y encontró una voz propia en la que ella ha reconocido la influencia de Piero della Francesca, la pintura prerrafaelista y los clásicos del género, como John Teniell y sus dibujos para la Alicia de Carroll.

La historia de Wakefield, un personaje misterioso que anticipa al Bartleby melvilleano y su célebre "preferiría no hacerlo", es la de un fingimiento dilatado en el tiempo por razones que nunca quedan claras. Este hombre un día sale de su casa para hacer un corto viaje y, aparentemente, ya no vuelve más. Pero Wakefield, en lugar de marcharse lejos, se va a vivir a la calle contigua a su domicilio conyugal y permanece allí veinte años sin que ni su mujer ni sus amigos supiesen nada de él. Por ello, uno de los rasgos más interesantes del trabajo de Ana Juan es el protagonismo que concede a la esposa a la que, en el tiempo que duró ese ejercicio de masoquismo o, como prefiere el autor, "de pequeña burla", Wakefield espió con frecuencia. La vio afligida, melancólica y, finalmente, resignada a su madura viudedad. Ana Juan recrea todos esos estados femeninos en tanto que nos deja imaginar con total libertad a ese ser espectral que, cuando desapareció, lucía un sombrero de hule y botas altas mientras que en una mano sujetaba un paraguas y, en la otra, una maleta pequeña. En una de las escenas más surrealistas, un enjuto Wakefield llega a rozarse con su mujer que, ahora corpulenta y fornida, se dirige a misa con un devocionario en la mano y no le reconoce.

"El trabajo de Ana Juan dialoga con el autor de manera que el libro es el encuentro entre dos visiones del texto", considera Diego Moreno, director de Nórdica. Una labor donde la artista no oculta su admiración por el también novelista de La letra escarlata, maestro y precursor de Melville -que llegó a dedicarle su Moby Dick- y de Henry James, creador de una afectuosa biografía, Hawthorne, donde defendía "su talento original y exquisito" y su atenta mirada a la extraña condición humana.

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