El género literario más galante

  • Fernando Iwasaki regresa al panorama editorial con 'Arte de introducir' (Renacimiento), una compilación de sus mejores presentaciones de escritores y artistas.

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Arte de introducir. Fernando Iwasaki. Editorial Renacimiento. Sevilla, 2011. 216 páginas. 18 euros.

Fernando Iwasaki (Lima, 1961) considera que "con excepción de las presentaciones que el ejercicio de la generosidad supone, uno siempre debería presentar a las personalidades que quiere, admira o conoce". Él predica con el ejemplo, como demuestra ahora en Arte de introducir (Renacimiento), una selección de sus presentaciones a más de 30 escritores y creadores de España y América Latina que compone un sutil autorretrato de sus pasiones estéticas. "Creo que haber presentado varios libros de Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Jorge Volpi, Andrés Neuman o Mario Vargas Llosa es algo extraordinario", celebra.

El también autor de Ajuar funerario y España, aparte de mí estos premios (Páginas de Espuma) cree que la presentación es el más cortés de los géneros literarios. "Es un género efímero, un arte sutil y un texto escrito para ser leído en alta voz una sola vez. Me gusta esa existencia gratuita, huidiza y -por supuesto- galante, porque la presentación supone la pareja: uno que disfruta introduciendo y otro que disfruta mientras lo introducen".

Arte de introducir arranca con un desopilante ensayo titulado Defensa de la práctica del texto oral que recupera para el gran público las "materias sutiles" que preconizaba Aristóteles. "Lo escribí especialmente para este libro, ya que de alguna manera debía explicar por qué considero la presentación como un ensayo oral. Aristóteles pensaba que el semen era un cuerpo sutil, porque no era ni sólido, ni líquido, ni gaseoso. La presentación sería entonces un texto sutil, pero ya que el semen se puede congelar las presentaciones se deberían encuadernar".

El libro, que sucede en su producción a Sevilla, sin mapa (editorial Paréntesis), está atravesado de principio a fin por su inconfundible agudeza. Una condición humorística que Iwasaki aprendió de varios de los maestros que protagonizan Arte de introducir, el cubano Guillermo Cabrera Infante de un modo especial. "En América Latina siempre jugamos con el lenguaje y Guillermo Cabrera Infante llevó esos juegos hasta los límites de la lengua española, porque también jugaba en inglés, francés y latín. Sin embargo, no es posible disociar la manera de escribir de la manera de leer. Así que quizá yo tenga más en común con el lector que fue Guillermo, porque como escritor era insuperable. Cuando no existan los factores extraliterarios que impiden que el valor de su obra sea apreciado en su verdadera magnitud, los lectores de habla hispana descubrirán a un autor fastuoso".

Los perfiles de Arte de introducir se abren con la serie dedicada a los maestros y concluyen con los cómplices, entre los que hay artistas tan dispares como Miguel Poveda y José Luis Garci. En el bloque central, Iwasaki deja "muy clara" la necesidad de reconocer el valor de sus contemporáneos. "Es muy sencillo admirar a Savater, Vila-Matas o Vargas Llosa, mas como he nacido en 1961 no puedo ni quiero ser mezquino con Javier Cercas, Rodrigo Fresán, Juan Gabriel Vásquez o Belén Gopegui, que son los autores de mi generación". Al preguntarle cuál de ellos todavía merece llegar más y mejor al gran público, su respuesta es también muy clara: "Sin duda Eduardo Jordá".

Iwasaki, residente en Sevilla desde hace años, considera la nacionalidad como algo peregrino, lo que no ha impedido que algunos paisanos suyos se hayan convertido en referentes literarios "que uno reconoce, admira y desea". En su caso, esto ocurre con los peruanos Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique. "Ribeyro me convirtió en el lector que soy, Alfredo Bryce me enseñó a convertir el humor y la ternura en materias literarias, y Mario Vargas Llosa es un ejemplo en todos los aspectos del arte y el conocimiento. Es un privilegio contar con tres figuras como ellos en las letras peruanas", valora.

Al presentar Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, un libro que considera un "exorcismo político" a la altura de Homenaje a Cataluña de Orwell, Spanish Testament de Koestler y Autobiografía de Federico Sánchez de Jorge Semprún, Iwasaki reivindica el papel de esa literatura entre lo real y la ficción para comprender los sucesos acaecidos en España en el siglo XX, un asunto al que regresa en otras páginas. "Parece mentira que en un país donde la hegemonía de la literatura anglosajona es incontestable, libros como Soldados de Salamina de Javier Cercas, La sima de José María Merino o La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina susciten polémicas por moverse entre los límites de la ficción y la realidad. No comprendo cómo lo que se considera una obra de arte en Coetzee o Philip Roth se convierta en una manipulación cuando los autores son Cercas o Muñoz Molina", reflexiona.

Al concluir estas breves semblanzas, la sensación es la de habernos enfrentado a un proyecto grande que rezuma amor por la literatura y ambición estilística, en la línea de obras clásicas del género ensayístico como Vidas escritas de Javier Marías, La verdad de las mentiras de Vargas Llosa o Desde la ciudad nerviosa de Vila-Matas. "Ojalá pueda ser un libro que introduzca a otras personas en las obras de los autores presentados. En ese sentido mi libro es más modesto y menos ambicioso que las obras que ha mencionado. Pero agradezco la comparación. Voy a recortar la entrevista para mandársela a mis padres", se despide con jovialidad.

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