Una sátira ilustrada

  • 'La expedición de Humpry Clinker'. Tobías Smollet. Trad. Miguel Temprano. Debolsillo. Barcelona, 2012. 452 páginas. 9,95 euros.

Una de las grandes formas literarias del XVIII fue el ensayo. Otra, la crítica de costumbres. La tercera, muy relacionada con la anterior, será el libro de viajes, ayudado de las anotaciones diarias. Goethe fue un maestro ejemplar en dicho género. No menor, en cualquier caso, que el Montesquieu de las Cartas Persas. En Gran Bretaña, serán Swift, Johnson, Defoe, Lawrence Sterne, el simpático malechor Samuel Pepys, quienes descuellen en esta variante de lo ilustrativo y pintoresco. También el Tobias Smollett, traductor del Quijote, que firma La expedición de Humphry Clinker en el año de su muerte (1771). Aquí, es un noble galés quien describe su país mediante otra convención dieciochesca: la novela epistolar de Choderlos de Laclos y Rousseau, autor de La nueva Eloísa.

Todavía en el XIX, a tres años de inaugurar el XX, un irlandés trasterrado escribirá en forma epistolar su drama teológico: Drácula. Smollett, hijo del Enlightment, no pretende asomarnos a los abismos del pecado; se conforma con una sana reconvención de las costumbres. Siguiendo a Rousseau, ha dado en practicar el menosprecio de corte y la alabanza de aldea. No obstante, Smollett posee una cualidad que Rousseau ignora: el sentido del humor, el genio satírico. Quienes acudan a estas memorables páginas, encontrarán no sólo la estrepitosa y elocuente descripción de los vicios de aquella hora. También el amanecer de un mundo que el autor considera abominable. Este mundo no es otro que el mundo moderno. Y en consecuencia, la vida caótica y pugnaz de la metrópoli. Junto a esta novedad, Smollett sitúa a una nueva clase de pasteleros, carniceros y hombres sin título, cuya fortuna les permite figurar y mezclarse con la vieja casta nobiliaria. Asistimos, pues, con divertido asombro, al nacimiento de la clase media. No olvide el lector que apenas quedan dos décadas para la toma de la Bastilla. El desdichado Humphry Clinker es, en rigor, nuestro piadoso y honesto antepasado.

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