Un año de montaña rusa

  • Al Sevilla le faltan energías y recursos para la obligada regularidad que exige la Liga Tres empates y una derrota en las cuatro últimas jornadas

Seguro que tanto Unai Emery como Monchi tienen sus libretas repletas de anotaciones sobre los motivos que han llevado a este Sevilla a convertirse en una montaña rusa de sensaciones. Si las competiciones por eliminatorias son esas bajadas que acaban en sonrisa, la Liga aparece como una cuesta arriba para este equipo, al que le está faltando la regularidad que exige el torneo.

La explicación es diáfana. Esta plantilla, la más cara de la historia del Sevilla, está ofreciendo un rendimiento por debajo del esperado cuando se confeccionó en el verano. El propio Monchi reconoció este aspecto la pasada semana y, con la discreción que requiere lo que todavía queda por disputar, ya tiene trazadas algunas líneas maestras para la próxima temporada.

El tremendo esfuerzo físico del pasado jueves ante el Athletic obligó a que Emery tirase de la segunda unidad en la alineación inicial e incluso de la tercera para acabar el encuentro. El resultado fue un Sevilla de más a menos, que comenzó con brío y dispuesto a encarrilar el encuentro y que finalizó casi deambulando por el césped.

Tres derrotas y un empate acumula el Sevilla en las cuatro últimas jornadas ligueras, las que se han colado entre las eliminatorias europeas contra Basilea y Athletic. A los subidones en su competición fetiche le han sucedido desencantos. El propio aficionado sevillista, que el jueves se marchó con la mente en otra posible final, salió ayer del Sánchez-Pizjuán con ese gesto de disgusto al que no estaba acostumbrado.

El paradigma de la planificación se refleja en Konoplyanka y Fernando Llorente. Las apuestas más ambiciosas, los dos con los emolumentos más elevados de la plantilla, no acaban de poner sobre el campo lo que se esperaba de ellos, por más que el riojano ayer apuntase algo de ese poderío en el área por el que se lo fichó. Pero su físico...

El ucraniano, con esa inspiración de los genios para ejecutar un penalti como una obra de arte, dio ayer una espantada propia de otros cosos. Intermitente y sin trascendencia en su fútbol, Konoplyanka cargó de razones a Emery, que apenas lo emplea ya de revulsivo.

Con todos estos factores, la temporada sevillista se aferra a las competiciones cortas, otro indicador de que la profundidad de plantilla no ha funcionado como se exigía. Emery hace tiempo que apostó fuerte tanto por la Copa del Rey como por la Liga Europa y eso se refleja en los números. Sólo con el Almería de la temporada 2007-08, un equipo que peleaba por la permanencia, sumaba menos puntos (48) a estas alturas de la competición, y cada partido liguero del Sevilla de los últimos tiempos deja la sensación de un equipo con la mente en otros lares.

Poco más de un mes queda para que la clausura de la temporada con esa bala en la recámara de la final copera y el Sevilla de Emery querrá seguir enganchado a su particular montaña rusa. Todos los disgustos de las rampas ligueras quedarán en el olvido con ese frenesí que sí se alcanza cuando los partidos quedan marcados en rojo para su primera unidad.

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