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Liga bbva· la crónica

Monchi tiene razón en su autocrítica (1-1)

  • La segunda unidad del Sevilla no es capaz de derrotar al Deportivo ni siquiera con la ventaja del gol inicial de Iborra. Los Fernando Llorente, Konoplyanka y compañía demostraron por qué son suplentes con Emery.

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Nuevo sinsabor del Sevilla en la competición liguera a pesar de tener todos los pronunciamientos a su favor para acabar con la mala racha frente a un Deportivo al que había superado de cabo a rabo en el primer periodo. Pero la segunda unidad de la plantilla de Emery fue incapaz de mantener el mando y dejó escapar un triunfo que parecía un hecho a la vista de las diferencias que se habían reflejado entre unos y otros sobre el césped. Al final, ni siquiera el arreón postrero tras el empate de Oriol Riera fue suficiente y es aquí donde surge la incógnita de por qué no se mantuvo, al menos mínimamente, esa firmeza que volvió en los estertores del choque con la infinidad de córners y centros sobre la portería del guardameta visitante Manu.

El fútbol da y quita razones en el desarrollo de una temporada y el director deportivo del Sevilla, uno de los hombres que más han tenido que ver en la década prodigiosa de la entidad nervionense, lanzó el pasado lunes una autocrítica muy sincera. Sin ser textual, Monchi asumió la responsabilidad de no haber sabido mantener el equilibrio entre el equipo titular y la llamada en los tiempos que corren la segunda unidad, un concepto importado de la NBA para denominar a los hombres que salen del banquillo a lo largo de los partidos. El isleño aceptaba que el nivel no está siendo el mismo cuando luchan por los objetivos los hombres más principales que los secundarios, algo que a él no le gustaría que fuera así, sino que los roles de todos fueran mucho más cercanos a la hora de competir.

Está claro que Monchi tiene razón y no hay más que ver lo sucedido a lo largo de la presente semana. Pese a la derrota durante el juego, el Sevilla mantuvo el pulso en lo más alto en un partido durísimo contra el Athletic, pero ayer no fue capaz de imponerse a un rival que está muy lejos de ser aquel Deportivo que impresionara a lo largo de la primera vuelta de la mano de Víctor Sánchez del Amo y de Lucas Pérez, un extraordinario delantero. Unai Emery, incluso, refrescó al máximo el equipo, pues sólo mantuvo en la alineación inicial a Kolodziejczak, Escudero e Iborra de los 11 que partieron como titulares el pasado jueves en los cuartos de final de la Liga Europa. Es decir, la excusa del cansancio no servía, y además también ingresaban algunos titulares indiscutibles, como Banega o Sergio Rico, quienes por sanción y por la rotación de los guardametas tampoco estuvieron ante el Athletic. En definitiva, por mucho que existiera una fatiga sicológica que también debe afectar, era el momento de que dieran el paso adelante hombres como Fernando Llorente, Konoplyanka, por razones obvias de peso específico y económico en la plantilla, e incluso veteranos como Carriço, Reyes o Coke. Completados por Cristóforo y los tres que sí fueron titulares en la Liga Europa, el equipo que propuso Emery tenía, en teoría, suficientes garantías para hacerse con los tres puntos que estaban en juego.

Así pareció a lo largo del primer periodo, pues el Sevilla, sin hacer un fútbol brillante, sí tuvo el mando absoluto sobre el juego. Banega supo asociarse con la pareja de centrales para superar la tibia presión del Deportivo y halló tanto en las bandas como en el fútbol directo hacia los dos gigantes que estaban en la delantera las vías para ir percutiendo sobre la defensa de cinco que había ordenado Víctor en las filas gallegas. No era un fútbol efectista, entre otras cosas porque los dos futbolistas de arriba destacaban más por su altura que por su movilidad, pero sí tenía la efectividad necesaria para crear ocasiones de peligro en el juego aéreo.

Llegaron dos avisos por parte de Fernando Llorente antes de que el gigante riojano facilitara la conexión con Iborra para que éste anotara el uno a cero. El Sevilla había conseguido una de las cosas más complicadas cuando se barrunta un partido marcado por el cansancio, aunque fuera sicológico más que físico, ponerse por delante. E incluso pudo rematar antes del intermedio y después del mismo a través de Fernando Llorente e Iborra, que tuvieron un póquer de ocasiones para haber sentenciado.

Pero entonces, con el marcador a favor y con el Deportivo corriendo más riesgos al tener que buscar la igualada, se echaron en falta otras cosas. Por ejemplo, que Konoplyanka, que tuvo destellos de calidad, es verdad, jugara más de verdad, más de buscar hacerle daño al adversario. Sobre todo porque en su banda contaba con un lateral que no es muy amante de defender precisamente, como Juanfran, y al que podía haberlo destrozado si lo hubiera buscado con la sana intención de hacer gol y no de quedarse en el arabesco para buscar un centro efectista con la izquierda, que no es su pierna buena... Tampoco Reyes contribuyó hasta que cayó lesionado y ni siquiera Banega impuso su mando cuando más fácil debía tenerlo con el Deportivo arriba.

Ahí, en esa fase, comenzaron a llegar los problemas, con la lesión de Reyes y con la fatiga de un Fernando Llorente que sí lo puso todo para que la grada no supiera apreciarlo nunca. Cuando saltaron al campo Curro y Juan Muñoz, sobre todo el delantero utrerano, fue cuando más se notó la trascendencia del que había sido silbado por la grada. El Sevilla fue incapaz de sacar provecho de alguna contra franca para resolver el litigio y eso, a la larga, era jugar con fuego, estar al albur de algún balón perdido que condujera a una defensa mal colocada. Dicho y hecho, una salida de Cristóforo, un balón perdido tras entrada dura y Lucas Pérez da un pase perfecto al desmarque de Oriol Riera.

El Sevilla, que ahora sí apretó de lo lindo, había dejado escapar dos puntos necesarios para seguir en la pelea por un quinto puesto que, con los derechos televisivos, equivale a euros. Pero, como acepta el propio Monchi, la segunda unidad está este año lejos de los titularísimos y eso se paga en el discurrir del ejercicio.

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