Pieza clave para el desarrollo de la gestión corporativa desde hace medio siglo

  • La APD, creada en 1956, afronta hoy el reto de ayudar a los ejecutivos en su salto global

La Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) es el mejor espejo en el que pueden mirarse los directivos españoles de todos los escalafones para mejorar su tarea diaria como gestores. Desde su creación en 1956 por parte de un grupo de ejecutivos visionarios encabezados por Bernardino Herrero, no ha cejado en su empeño de divulgar y extender las técnicas y programas para el desarrollo de la cultura corporativa en España. Herrero, vinculado a diversos organismos públicos durante la dictadura, abandonó todas sus responsabilidades para crear y dirigir la APD durante 40 años.

Antes de ponerla en marcha visitó Estados Unidos y varios países europeos para conocer los modelos que se habían puesto en marcha, quedando especialmente influenciado por los de EE UU (AMA, en sus siglas inglesas) y Francia. Presidió la asociación 40 años desde su nacimiento.

A lo largo de su trayectoria, la APD se ha consolidado como el primer centro español dedicado a la orientación, formación y contactos a nivel directivo. A través de sus casi tres mil empresas asociadas, desarrolla una media de 235 actividades al año en las principales ciudades de España, como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, La Coruña, Alicante, San Sebastián, Vitoria, Burgos, Valladolid o Pamplona.

En la actualidad, el Consejo Rector de la organización está presidido por José María Aguirre, que ocupa este mismo cargo en el Banco Guipuzcoano. El resto de su cúpula (tiene cinco vicepresidentes) y de su consejo está integrado, entre otros, por Emilio Cuatrecasas, presidente del despacho de abogados Cuatrecasas; Isabel Aguilera, presidente de Google para España y Portugal; Honorato López Isla, vicepresidente de Unión Fenosa; Amparo Moraleda, presidenta de IBM; José Ignacio Goirigolzarri, consejero delegado de BBVA; o Rosa García, consejera delegada de Microsoft Ibérica. Todos son elegidos por cuatro años con posibilidad de una renovación por otro periodo idéntico.

En su medio siglo de historia, la APD ha estado presidida por Enrique García Rama, Gabriel Barceló, Antonio Garrigues Walker, Claudio Boada y Enrique Moya Francés, que cedió el testigo a Aguirre en 2003. Éste último es además vicepresidente de CEOE.

El futuro de la asociación pasa por su adaptación a la globalización, de ahí, por ejemplo, que cuente con oficina en Casablanca desde 2005. Además de este primer desembarco, está interesada en saltar a Latinoamérica (México y Argentina) y a Oporto (Portugal).

Se trata, en todo caso, de saltar a zonas en desarrollo en las que las empresas tengan necesidades para formar a sus directivos como las que existían en España en la década de los años cincuenta del pasado siglo. Junto a ello, la propia actividad de la APD en España se ve reforzada por las necesidades de asesoramiento de los directivos de las empresas que exporten.

La asociación está declarada como entidad privada de utilidad pública desde 1981 y se declara independiente de todo planteamiento político.

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