Otro ángel caído del ladrillo

Sea o no una broma macabra del destino, el 20 de diciembre de 2011 pasará a la historia tanto por el fin de la vida política del ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como por el ocaso de Luis del Rivero, el penúltimo de los señores del ladrillo que tanto brillaron durante el mandato del leonés nacido en Valladolid. La reducción del paquete accionarial de Sacyr en Repsol supone la pérdida de dos de los tres asientos de la constructora en su consejo de administración, y como consecuencia, la salida de Luis del Rivero del máximo órgano de gobierno de la petrolera.

La banca otorgó a Del Rivero su gran momento de gloria. Perdió el primer asalto -la entrada en el BBVA- pero en 2006 consiguió tomar el 20% de una compañía diez veces mayor que la suya aupado a un crédito garantizado por las mismas acciones que adquiría. Vetado por el núcleo duro del accionariado, el estallido de la burbuja inmobiliaria imposibilitó la digestión de semejante deuda pese a los dividendos que obtenía de Repsol.

Primero intentó vender las acciones a la rusa Lukoil. Después intentó mover la silla del presidente de la petrolera, Antonio Brufau, para "poner en valor" Repsol, lo que habría significado la venta de activos. Finalmente, firmó una alianza inesperada con Pemex, convidado de piedra en el consejo de Repsol desde hacía más de veinte años. Pero descuidó el frente interior de Sacyr, la compañía que fundó de la nada hace dos décadas junto a otros ingenieros de Ferrovial, donde los minoritarios no se sentían cómodos con sus últimas decisiones. Y tal día como hoy pero hace dos meses, su socio Manuel Manrique se pasó al grupo crítico, lo que supuso su defenestración de la presidencia de Sacyr, poniendo punto y final a la batalla de Repsol.

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