Un cumpleaños por todo lo bajo

  • El euro, el logro más tangible del proyecto comunitario, celebra mañana sus diez años de puesta en circulación coincidiendo con el momento más delicado de su existencia por las dudas sobre su futuro.

Es utilizado por millones de europeos cada día. Pero cuando mañana el euro cumpla su primera década de vida no lo hará entre vítores y celebraciones sino en medio de los esfuerzos de los políticos por superar la crisis de deuda que atenaza a la Eurozona desde hace dos años. "No estamos planeando ninguna celebración particular. No es para eso para lo que el euro está aquí. Tampoco nosotros estamos aquí para celebrar cosas", explicó recientemente a los prensa Olivier Bailly, uno de los portavoces de la Comisión Europea.

Pero hace diez años los ánimos eran muy diferentes. El 1 de enero de 2002, la introducción de la primera moneda común de Europa estuvo acompañada de fuegos artificiales, discursos de políticos que saludaban una nueva forma de unión y gente apresurándose para tener en sus manos las relucientes monedas y los nuevos billetes.

"Es nuestra moneda y será un símbolo de la unidad y el poder europeos", predijo el entonces primer ministro francés, Lionel Jospin. "Antes decíamos: el rey ha muerto, larga vida al rey. Ahora podemos decir: adiós al franco, larga vida al euro".

Junto a Francia, otros once países se unieron entonces a la estela del euro: Austria, Bélgica, Finlandia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Portugal y España. Desde entonces, otros cinco han adoptado también la moneda común: Eslovenia, Malta, Eslovaquia y Estonia. Y otros seis han recibido permiso para usarla, aunque no formen parte de la Unión Europea: Andorra, Kosovo, Mónaco, Montenegro, San Marino y El Vaticano. Pero el entusiasmo del resto de candidatos ha caído en picado en los últimos tiempos. Polonia, por ejemplo, no ha puesto fecha a su adopción de la moneda única. Ni siquiera durante su reciente Presidencia de la UE, cuando su ministro de Finanzas apuntó los "significativos defectos" de la zona euro.

Sin embargo, el portavoz de la Comisión Europea recordó ayer que, con un 26% de las reservas de divisas mundiales, el euro sigue siendo la segunda moneda favorita a nivel global, por detrás del dólar. Y elogió además a la moneda única por haber sido capaz de rebajar la inflación de la zona y haberle ahorrado además entre 20.000 y 25.000 millones de euros anuales. Por no hablar de lo que ha simplificado la vida de los ciudadanos, turistas y hombres de negocios el no tener 17 monedas diferentes.

"Veintitrés países europeos y un total de 322 millones de ciudadanos usan esta moneda, de la que estamos muy orgullosos y que tiene un largo futuro por delante", proclamó Bailly en nombre del Ejecutivo comunitario.

Pero los especuladores de los mercados no siempre han estado de acuerdo. El euro cayó ayer hasta su mínimo anual de 1,2862 dólares, tras un máximo anual de 1,48 dólares alcanzado en mayo y después de un verano repleto de dudas sobre si los políticos europeos serían capaces de domar la crisis y evitar el colapso de la moneda común.

Desde las instituciones europeas se recuerda sin embargo que el euro se ha mantenido relativamente estable en términos generales, pues a principios de año se cambiaba a 1,29 dólares. "Claramente hoy hay un problema de confianza en la capacidad de la Unión Europea para superar la crisis de deuda", admitió Bailly. "Pero la actual crisis no es una crisis del euro. Su posición en los mercados internacionales es extraordinariamente fuerte", agregó a renglón seguido.

Para el comisario de Economía, Olli Rehn, la crisis de deuda iniciada en Grecia y extendida a Irlanda y Portugal debería tomarse como una oportunidad. Debe fortalecerse la unión económica, apuntaba Rehn, para quien la reciente decisión de acordar una legislación presupuestaria más estricta va en la buena dirección.

Tenemos los ladrillos y el mortero, tenemos la mano de obra", apuntó Rehn en un comunicado. "Ahora buscamos voluntad política, fuerte determinación y una rápida acción para recuperar el crecimiento económico y restaurar la confianza de los inversores y la opinión pública", agregó. Entretanto, aunque Europa no celebre el décimo aniversario del euro, al menos sí lo conmemorará con una moneda de dos euros de las que se acuñarán 90 millones. "Hoy es importante seguir estando orgullosos de nuestra moneda única", remarcó Bailly. "Creemos que sigue siendo uno de los mayores logros de la historia europea".

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