El petróleo y el temor al cambio climático calientan el globo de las renovables

  • La salida a Bolsa de Iberdrola Renovables es el paradigma de un sector en auge que muestra algunas dosis de sobrevaloración

El mercado energético está sufriendo un empacho verde. Y Andalucía, a tenor de lo que se viene observando en los últimos meses, es uno de los restaurantes preferidos por las compañías de este sector. Un petróleo que coquetea con los cien dólares por barril, unido al temor generalizado al cambio climático y las consiguientes leyes en favor de las energías limpias -que generan expectativas claras de obtención de altas rentabilidades para los inversores- son los principales ingredientes de la receta.

Los resultados son planes de inversión multimillonarios para acometer proyectos faraónicos; expectativas de creación de una industria puntera en I+D asociada a las renovables (algo muy goloso para las administraciones); pero también una cierta sensación de que se está creando una burbuja en torno a la proliferación de las energías renovables. El hecho de que la potencia fotovoltaica operativa en España esté creciendo a tasas anuales del 500 por ciento, ejemplo extremo del boom verde, no ayuda a disipar esta sensación.

Analistas bursátiles de distintas entidades financieras coinciden, al ser preguntados por la subida espectacular de las empresas del sector que cotizan en la bolsa española (ver gráficos en la siguiente página), en que no existe una sobrevaloración generalizada de estas compañías. "Hay que estudiar este tema caso por caso, aunque es cierto que en algunos se están observando valoraciones más allá de lo razonable. Se debe distinguir entre proyectos de crecimiento sólidos y con capacidad para llevarse a cabo de otros más especulativos", comentan desde Banco Urquijo, filial de Sabadell, entidad especializada en financiación de las renovables.

Quizá las enormes expectativas generadas por Iberdrola Renovables, que debutó tristemente en Bolsa el jueves pasado con una caída del 2,8 por ciento y se recuperó ayer, sea el paradigma de la doble sensación que genera el sector: enormes posibilidades de desarrollo a medio plazo unidas a incertidumbres jurídicas y tecnológicas.

En efecto, señala otro analista que prefiere no identificarse, "hay que tener en cuenta que todas estas tecnologías renovables no son rentables por sí mismas, lo que las somete a un importante riesgo regulatorio". El mimo legal es, así, condición imprescindible para el despegue del sector a medio plazo.

Basta recordar la reñida negociación de un año y medio en la que se enfrascaron el Ministerio de Industria y las patronales renovables para reformar el real decreto de 2004 que fijaba las primas (ayudas públicas) que se pagan a la electricidad producida de forma limpia, y que fructificaron en julio pasado con un nuevo decreto.

Estos incentivos podrían alcanzar los 2.700 millones de euros el próximo año, un 22 por ciento más que en el ejercicio actual. Con estas cantidades se suple el mayor coste de inversión, y por ello mayor plazo de recuperación de esos desembolsos, derivado de la aún insuficiente competitividad de estas centrales.

Precisamente la reducción de costes para igualarlos con los de las plantas tradicionales de fuel, gas o carbón es el objetivo clave de todo el sector. Pero la pugna por posicionarse rápidamente en los distintos mercados está provocando que, en muchos casos, se olvide el componente de I+D necesario para. "Quizá deberíamos redefinir esas primas para que incluyeran entre las condiciones para recibirlas la obligación de investigar en nuevas tecnologías", propone un experto del sector eléctrico andaluz que también pide anonimato.

En el lado de las incertidumbres es preciso comentar, por último, que los promotores fotovoltaicos están justamente estos días en pie de guerra con Industria para que aclare la remuneración que obtendrán los parques solares a partir de octubre de 2008, algo no definido en el citado decreto de julio.

Todas estas cuestiones candentes no ocultan el panorama despejado que afrontan actualmente las compañías merced al temor al cambio climático. La Unión Europea ha establecido el bautizado como Objetivo 20/20: reducir las emisiones contaminantes en ese porcentaje respecto a las de 1990 a final de la próxima década. Para conseguirlo, Europa quiere que las renovables cubran el 20 por ciento de las necesidades energéticas.

En España, el Gobierno aprobará en 2008 un nuevo Plan de Energías Renovables que abarcará objetivos hasta 2020 y estará en consonancia con las metas comunitarias. Actualmente, nuestro país es el segundo productor mundial de energía eólica (sólo por detrás de Alemania) y está a la cabeza mundial del desarrollo de la tecnología solar de alta temperatura (termoeléctrica), cuya fiabilidad se acerca cada día más a la de una central convencional. También ocupa un lugar destacado en fotovoltaica.

La analista de Urquijo reconoce por ello que "el sector está en un momento dulce y pensamos que el peso de las renovables a nivel mundial seguirá creciendo". Junto a las perspectivas de agotamiento -y en consecuencia encarecimiento progresivo- del petróleo, la experta añade que la energía verde "encaja perfectamente en la búsqueda de la independencia económica" por parte de los gobiernos.

Anticipando lo que ocurrirá a medio plazo, Antonio Lucio, delegado de Red Eléctrica de España (REE) en Andalucía, asegura que "de toda la inflación de proyectos presentados, habrá un porcentaje que no se llevará a cabo. El propio Gobierno ha establecido la obligatoriedad de depositar avales y ha impuesto unos límites de potencia a cada tecnología", recuerda.

En este sentido es de nuevo paradigmático el caso de Iberdrola Renovables. En el folleto de salida a bolsa, la compañía cuantifica en 41.000 megavatios (Mw) su cartera de proyectos. De ellos, la propia firma considera que se ejecutarán "prácticamente seguro" 2.882. Otros 12.300 son "muy probables" y los 26.000 restantes son sólo "probables". Pese a ello, la enseña se marca la meta de instalar dos mil megavatios al año hasta alcanzar 13.600 en 2010 (a septiembre de este año operaba ya 7.342).

"Los objetivos son sin duda ambiciosos", afirman desde Sabadell, "pero creemos que son alcanzables por la experiencia que acumula la firma y su equipo gestor". Experiencia que, extrapolada al conjunto del sector, podría se el hecho diferencial para separar el grano de la paja a corto plazo.

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