"Mi hijo Carlos toca el himno de Andalucía con la gaita"

Carlos Álvarez-Nóvoa (La Felguera, 1940) es una película continua. Una de las mejores escenas lo retrata bajando esposado de un barco al puerto de Palma de Mallorca. Lo esperan el coche de los grises y el de la Audiencia. Viene de la cárcel de Oviedo y no es un preso peligroso. Su padre era el presidente de la Audiencia de Mallorca.

-¿Qué es lo primero que hace por la mañana?

-Irme en bicicleta o en coche a los bosques de Aznalcázar. Repaso el texto de Saramago en In nomine Dei, lo olvido y me meto con Galdós. El 15 de septiembre estreno en el Albéniz Puerta del Sol, Episodios Nacionales donde están la caída de Carlos IV y el motín de Aranjuez contra Godoy.

-¿Es Daoiz o Velarde?

-Soy Gabriel de Araceli, un niño que estuvo en la batalla de Trafalgar. Gaditano del barrio de la Viña. Con dramaturgia de Jerónimo López Mozo, que mezcla textos de Galdós con otros suyos, pero agaldosados.

-¿No se pagan derechos de autor en ese caso?

-Hice algo parecido con El Quijote. Lo adapté al teatro y me lo publicó Everest. Al final conseguí cervantizar mi texto. Su representante me dijo que los últimos días de Fernán Gómez en el hospital tenía en su mesita de noche un libro de poemas de Rubén Darío y mi versión teatral de El Quijote.

-Hace teatro contra los franceses después de hacer cine con los franceses.

-Hemos rodado en Zafra una película que se llama Tierras de sangre, de Dominique Maillet. Yo hago de capataz de un cortijo en 1975, poco antes de la muerte de Franco.

-¿Se defiende en francés?

-En 1984 dirigí en Reims una versión en francés de La Casa de Bernarda Alba. Allí nació mi hijo Carlos.

-El último año que un francés (Hinault) ganó el Tour.

-Rodando con el equipo francés descubrí Badajoz. El poco tiempo que tengo voy a Zafra, a Segura de León, donde un vasco convirtió el castillo en hotel, y bajo a Cabeza de Vaca, donde he probado el mejor jamón. O voy al monasterio de Tentudía, de cuyo vino hice una publicidad vestido de monje que aún no me pagaron.

-¿Y sus chuletas?

-Son las mismas fichas que usaba de estudiante. Rodando con niños argentinos una película de animación, se partían de la risa porque allí a las chuletas de copiar les dicen machetes.

-Galdós y Saramago. Dos canarios...

-Tienen en común la honestidad, el rigor histórico y el testimonio. Hay cierto paralelismo entre el Münster de In nomine Dei sitiado por el conflicto entre cristianos y protestantes, escindidos en luteranos y anabaptistas, y el Madrid del 2 de Mayo. Saramago aborda la intransigencia religiosa. Antes de cada función, mentalmente se la dedico siempre a Rouco Varela, Cañizares, García Gasco y el obispo de Sigüenza. La obra de Galdós la quieren en Zaragoza, donde estaba programada In nomine Dei y la han suprimido. Sus días los ocupará Cristina Hoyos.

-Además del Goya...

-Gané un premio de novela nada más llegar a Sevilla. La novela la escribí en la cárcel de Oviedo. El editor tuvo un asunto de faldas, se fue a América y no se editó. Apareció como versión teatral con el título de Chivato.

-España ganó la Eurocopa con himno sin letra. ¿El Pichichi de Villa no se merece aceptar el Asturias, patria querida?

-No tendría sentido, aunque los asturianos dicen que Asturias es España y lo demás Reconquista. Era la canción que cantaban los borrachos. Me llevé las manos a la cabeza cuando la convirtieron en himno de Asturias. Ahora la escucho con emoción. Es mi historia. Y de mi gente. Mi hijo Carlos toca con la gaita el himno de Andalucía.

-¿Le hace ilusión en el futuro una reina asturiana?

-La historia contemporánea tenía una deuda con la Monarquía que ya la ha saldado. Yo soy asturiano y, aparte de dinamitero y mal cristiano, republicano. El Príncipe de Asturias me parece un hombre serio y preparado. Y su esposa, Letizia, es encantadora. Fui compañero de su abuela, Menchu del Valle, en Radio Oviedo. Hacíamos juntos un programa, Rumbo a la Gloria, al que un día llegó un chaval de Mieres que se llamaba Víctor Manuel.

-Novelista, dramaturgo, actor. ¿Qué no ha hecho?

-He estado en ese lado. Fui redactor-jefe de Manu Leguineche y le hice a Serrat la primera entrevista cuando se negó a ir a Eurovisión por no cantar en castellano.

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