EVA SÁENZ DE URTURI, novelista

"Cuanto más conozco la realidad, menos la meto en mis libros"

"Cuanto más conozco la realidad, menos la meto en mis libros" "Cuanto más conozco la realidad, menos la meto en mis libros"

"Cuanto más conozco la realidad, menos la meto en mis libros" / m. g.

-Enhorabuena por el calor con el que está siendo acogida su novela. Es difícil ser profeta en tu tierra.

-La verdad es que he tenido suerte desde el primer momento. En Vitoria me ha cambiado la vida, ya no puedo ir. De todos modos, creo que todo lo que sube baja. Con la primera novela la gente llegaba a los hoteles con el libro y preguntaban en recepción dónde estaban las rutas y los cadáveres. Algunos directores les dijeron a sus empleados que leyeran la novela para poder ayudar a los clientes.

Si te sientas en el despacho sólo cuando estás creativa, no acabas la novela en 20 años"

-En el primer libro de la trilogía dejó claro que quería un libro policial en el que la sangre y las vísceras no fueran coprotagonistas. ¿Mantiene esa idea en este segundo volumen?

-Sí, he querido seguir matando sin sangre. Sigo buscando muertes que no se hayan visto antes, que tengan un poso histórico y que no sean con sangre. Para mí es un reto creativo.

-¿Por qué decidió que los escenarios nos traigan la historia de hace 2.600 años?

-Porque me apetece hacer una novela un poco original, mi sello siempre ha sido escribir novela histórica. Aunque ahora esto sea género negro, en esta segunda novela coge más protagonismo lo histórico y en la tercera parte más aún. Quiero que mi sello sea hacer novela negra/histórica.

-El protagonista hace frente a muchos problemas, pero llama especialmente la atención que tenga que reponerse de una afasia de boca.

-Sí, me hubiese venido muy bien pasar de toda esa fase de recuperación del personaje, la verdad, empezar Los ritos del Agua cuando ya estuviera recuperado, un año y pico más tarde, cuando ya no está mudo del todo; pero el embarazo de Alba no me lo permitió. No cuadrarían los tiempos. Le he puesto como asesor y la única manera que vi de hacerlo fue que le tocara el caso de manera personal. Por circunstancias personales he vivido muy de cerca el tener que ayudar a una persona a hablar de nuevo, aunque además me he tenido que documentar mucho, he pretendido ser muy fiel a la realidad y en cada capítulo lo que él avanza en la recuperación está muy medido. La verdad es que aunque para mí haya sido una carga de trabajo extra, lo hace más original y más verosímil.

-Su compromiso con la documentación es ya conocido, cuéntenos en qué se ha formado para esta novela.

-¡Sí!, se lo estoy enseñando a todo el mundo (saca el móvil)... Son tantos que no me acuerdo. Para la primera novela fui a un curso de Inspección Técnica Ocular y al de Perfilación Criminal. Ahora he hecho seis más, Ciber-delincuencia, Actuación policial en delitos sexuales, que fue durísimo, Ciberbullying, Avanzado en policía judicial, Investigador judicial en proceso penal y el más duro que fue el Medicina forense. Estos han sido más duros, y creo que ya he hecho suficientes, porque la verdad es que cuanto más sé cómo es la realidad, menos meto.

-Fue optometrista, luego trabajó en la universidad, ahora es autora de novela negra, y además con los cursos ya tiene puntos para promocionar si decidiera ser policía.

-Sí, pero ni de broma lo sería. En cuanto a mi vida anterior me acuerdo de ella, pero no la echo de menos. Lo que más me gusta de mi nueva vida es no tener jefe.

-Creí que diría la creatividad.

-Hay mucho mito con lo de la creatividad, cuando vas a escribir una novela te tienes que sentar y meter muchas muchas horas. Imaginarte frases y personajes es una ínfima parte del trabajo de una novela. Si sólo te sientas en el despacho el día que estás creativa, no acabas la novela ni en 20 años. El novelista es un burro de carga.

-Se ha atrevido en esta novela con muchos temas, y además del histórico hay otro muy importante, que es el de la paternidad y la maternidad, ¿por qué ha surgido esto?

-Yo leo muchas novelas negras que están brillantemente resueltas, como un mecanismo de relojería, pero después me olvido de ellas. Eso pasa porque no había un tema, porque el autor no había decidido lo que quería contar y en qué lado se quería posicionar. Toda la ficción que acaba trascendiendo tiene un tema y el autor te está diciendo a través de ese tema lo que opina. El tema de toda la trilogía es esa cadena de violencia que se remonta al paleolítico, todas las personas que de mayores ejercen la violencia sobre alguien han sido niños abusados, maltratados... y a su vez sus padres lo hicieron, es algo que ves muy fácil en criminología. A Unai le toca decidir qué tipo de padre quiere ser y toda la novela va de distintos padres: nocivos, ausentes, putativos...

-¿Se puede leer Los ritos del agua sin leer El silencio de la ciudad blanca?

-No, Los ritos es la derivación de la primera. No sólo empieza un minuto después de cuando acaba la anterior, sino que además hay un spoiler importantísimo en la segunda, si no te has leído la primera.

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