Emilio Lora-Tamayo. Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP)

"Los investigadores trabajan con equipos anticuados"

"Los investigadores trabajan con equipos anticuados" "Los investigadores trabajan con equipos anticuados"

"Los investigadores trabajan con equipos anticuados"

-¿Se esperaba su nombramiento como rector de la UIMP?

-La verdad es que no. Hace un año me llegaron rumores al respecto, pero como no volví a escuchar nada más, me olvidé del tema.

-Ya fue profesor de esta universidad hace tiempo.

-Sí, conocí la UIMP en los años 80. Fui a Santander a dar una conferencia sobre diseño asistido por ordenador de circuitos integrados. Después he participado en sus cursos de verano más veces como alumno y ponente.

-¿Qué diferencias encuentra entre aquella UIMP de los años 80 y la de 2018?

-La verdad es que la encuentro igual. Sigue siendo una universidad muy dinámica gestionada por gente excelente. Ahora que estoy dentro también veo el backstage, y debo decir que encuentro mucho más meritorio lo que hace esta universidad con los pocos medios que tiene. Aquí ocurre como en aquellas obras en las que el tramoyista hace también de trapecista. Esa es una de las cosas que quiero mejorar.

-¿Cuáles van a ser sus principales líneas de trabajo?

-Quiero mejorar los aspectos relacionados con los recursos económicos, el personal, la organización, los estatutos. Hay muchas cosas que tocar. También me gustaría mejorar el carácter internacional de esta universidad.

-¿Se plantea abrir nuevas sedes fuera de España?

-Estamos abiertos a nuevas propuestas. Nos gustaría desarrollar alguna sede, subsede o centro concertado más allá de nuestras fronteras. Hay varias opciones, entre ellas Portugal, Francia o Marruecos, pero tampoco descartamos países más lejanos, como Colombia o Estados Unidos. No hay aún nada decidido.

-¿Le ha perjudicado a la UIMP que cada vez haya más universidades con una amplia oferta de posgrados y cursos académicos, su razón de ser?

-Para nada. El número de alumnos en los últimos años no sólo se ha mantenido, sino que estamos experimentando una pendiente positiva tanto en la oferta de actividades como en el número de estudiantes.

-Datos oficiales señalan que la Universidad española está perdiendo alumnos.

-Sí, es cierto. Ahí hay una causa primaria, que es la pérdida de volumen demográfico. Éste es un problema que deberán resolver los políticos, pero las universidades también tienen una responsabilidad muy grande, deben abordar el problema de las STEM.

-¿Que son las STEM?

-El acrónimo de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática, por sus siglas en inglés. Cada vez son menos los alumnos que eligen estas titulaciones y, además, la presencia de mujeres es mínima. Medicina está que revienta de mujeres, pero en las ingenierías el dato es muy bajo. Esto es un problema importante.

-¿A qué cree que se debe?

-El otro día me hablaron de un experimento sociológico. Le daban a un grupo de niños y niñas un ordenador y un destornillador para que lo desarmaran. Hasta los cinco años, los niños y las niñas competían por coger el destornillador con la misma frecuencia, mientras que a partir de esta edad, las niñas mostraban un desprecio absoluto por el destornillador. La conclusión del estudio era que había un factor genético, neurológico.

-¿Cree que puede haber una causa genética?

-Me cuesta creer que sea así, pero quizás sea un factor más a tener en cuenta. Otro problema es el tema de la conciliación familiar y, por mucho que se legisle al respecto, hay una cosa donde no se puede hacer nada.

-¿Se refiere a la maternidad?

-En investigación, los meses cuentan mucho. Si te vas de la investigación tres o cuatro años, has perdido la primera línea. Lo sé porque lo he vivido.

-¿Echa de menos investigar?

-Sí, lo he echado de menos, pero llevo tanto tiempo fuera que ya me he resignado. Investigar es una de las cosas más satisfactoria y estimulante que hay. Ver lo que nadie ha visto es una satisfacción como pocas.

-Fue presidente del CSIC durante los peores años de la crisis. ¿Cómo lo vivió?

-Los datos de investigadores no han dejado de descender desde 2008, y cuando yo llegué al CSIC en 2012 me encontré un agujero enorme. Hemos perdido sangre nueva. El problema no es que los investigadores se vayan fuera, es más, un investigador debe irse al menos dos años al extranjero para formarse. El problema es que el país ha perdido capacidad para atraer e incorporar a su sistema a los mejores.

-¿Está cambiando esta situación?

-Desgraciadamente no veo grandes cambios. Las instalaciones también han sufrido penurias durante la crisis. Los investigadores trabajan con equipos anticuados y que deberían haberse actualizado y sustituido hace años. Necesitamos un plan o el sistema se colapsará.

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