Pepe viyuela. Actor, cómico y escritor

"La uniformidad comunicativa me preocupa"

Pepe Viyuela. /JOAQUÍN HERNÁNDEZ KIKI Pepe Viyuela. /JOAQUÍN HERNÁNDEZ KIKI

Pepe Viyuela. /JOAQUÍN HERNÁNDEZ KIKI

-¿Qué tiene que tener un payaso para merecer ese nombre?

-Tienes que hacer un recorrido hacia tu infancia, sumergirte en ese ser que eras cuando eras libre, cuando tenías la imaginación a flor de piel, cuando no habías recibido todavía todas esas coacciones que la vida te va poniendo, con las que vas limitando eso no se dice, eso no se hace, cuando tenías todo el tiempo para ti, cuando pensabas que la vida era larga, eterna y tú podías hacer cualquier cosa.

-¿Era usted más payaso cuando empezó que ahora?

-Yo empecé realmente estudiando arte dramático, pero cuando terminé, al no tener trabajo tuve que buscarme la vida y encontré este personaje. "Algo que haga reír", me pedían en todas partes donde iba. Y encontré este personaje, que luego descubrí que era un payaso cuando empecé a ir a cursos de payaso y me di cuenta de que no me habrían hecho falta los cursos.

-¿Y ya no se pelea con las sillas plegables?

-Sí, porque llegué para quedarme a ese mundo. Me gustó tanto y me da tantas satisfacciones... la sensación de hacer reír a la gente a carcajadas es impagable. Es de las cosas más satisfactorias que he hecho nunca. Sigo conservando los primeros sketches como un tesoro, la silla, la guitarra, la chaqueta. Sigo haciendo el espectáculo de hace treinta años, que se llama Encerrona, y en el que están recogidos no todos pero sí una gran parte de esos números. Y aparte, el personaje continúa vivo, con sketches nuevos. Mi sueño sería hacer una serie de televisión protagonizada por ese personaje, con pocas palabras...

-¿Hay unas técnicas para llegar a ser buen payaso?

-Sí, pero es algo muy personal. Lo podríamos comparar a la poesía, puedes enseñar métrica, la estructura de las estrofas, pero el talento poético no se puede contagiar. Hay gente que lo tiene, oculto más o menos desarrollado, pero hay gente que lo tiene a flor de piel.

-¿Podría convencer a alguien que cree haber nacido sin gracia de que puede ser un payaso?

-¡Sí! Yo, de hecho, no me considero una persona graciosa, sino muy tímida, una persona retraída, no hablo mucho, no participo en cuestiones sociales. Pero con el personaje sí que me funciona el humor. Gracias a él he conseguido todo lo que tengo, profesional y personalmente me ha aportado muchas cosas.

-Usted forma parte del Consejo Ciudadano de Podemos. ¿Es eso el culmen para un payaso?

-¡Aaah ja ja ja! A nadie se le habría ocurrido, pero también te invitan a dar cursos en universidades siendo payaso. Quién me iba a decir a mí que iba a tener como payaso una llave maestra para entrar en determinados sitios.

-¿Por qué meterse en política?

-Para mí la política es patrimonio de todo el mundo, tengas un cargo o no. Como ciudadano, inevitablemente tienes una ideología, unos puntos de vista... y me parece muy sano no guardártelos, compartirlos. En general, hay un cierto temor a significarse por el precio que puedas pagar después, que te pongan una cruz a la hora de contratar... Y eso me parece que es un déficit democrático. Y como siempre he dicho lo que pienso, en este caso de Podemos se me invitó a participar en aquel congreso, estuve y resulté elegido para el Consejo Ciudadano estatal. Y ahí estoy, sin más aspiraciones.

-Y ya puestos ¿por qué con Errejón y no con Pablo Iglesias?

-A mí me interesaba el tándem. En el momento en que parece que empieza a disgregarse, mi apoyo a Errejón era para impulsar un acercamiento mayor, que no se disolviera ese tándem que podía funcionar por ofrecer dos cabezas muy bien amuebladas y también dos puntos de vista. Y luego, con Errejón tenía una afinidad porque me había impresionado mucho su inteligencia política, su inteligencia en general, y el talante de hombre muy abierto y con una visión de futuro bastante acertada. Creo que en la política española tiene muchas cosas que hacer.

-¿Ningún político le ha pedido consejo sobre cómo actuar?

-No, no, la verdad es que no. Yo confío mucho siempre en la capacidad intuitiva del comunicador. Cuando a alguien se le tienen que dar instrucciones sobre cómo comportarse, generalmente se produce el efecto contrario, se tiende a ocultar la espontaneidad. Y es importante no ocultarse, aparte de protocolos evidentes. La uniformidad comunicativa me preocupa.

-¿Son las series ahora la tabla de salvación para el actor español?

-Puede que sí. Mucha gente tenemos trabajo gracias a la televisión. Son una nueva apuesta que viene del mundo anglosajón, donde se están haciendo series de una gran calidad. El público no es tonto y yo creo que el futuro de la ficción pasa más por las series que por el cine, y que este se irá adaptando a un formato más de consumo casero. A mí me gusta mucho ver cine con más gente, lo cierto es que cada vez es más difícil. Pero esa oferta de poder ver en tu casa en gran formato... Las televisiones se están dando cuenta.

-Pues entonces no digamos actuar en un teatro romano...

-Fuuu, ahí ya hablamos de cosas que tienen que ver con el ritual y la ceremonia. Si tienes la oportunidad de actuar en el Teatro Romano de Mérida ante 3.000 personas, eso supera con mucho a hacerlo delante de una cámara. Tiene que ver con la espiritualidad que el lugar desprende, pero sobre todo con la posibilidad de comunicarte con la gente, de recibir inmediatamente el retorno, de sentir la emoción del público, o su ausencia, recibes el aplauso justo después, en caliente. La experiencia no tiene comparación.

-¿Se da en usted el tópico que dice que todo actor cómico aspira a que se le reconozca algún día por un gran papel dramático?

-Yo tengo una afición y una devoción por la comedia que ya supera cualquier tipo de aspiración. Quiero seguir haciendo comedia, no aspiro a que se me vea haciendo otras cosas. Quizá porque ya las he hecho. Llegué a la comedia casi por casualidad y no me movería.

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