España

ETA y las palabras que no deberíamos haber aprendido jamás

  • Tras casi sesenta años de actividad terrorista, múltiples vocablos en euskera se han hecho ya habituales en el castellano

Zulo localizado en 2008 por la Guardia Civil en las inmediaciones de Lesaka (Navarra). Zulo localizado en 2008 por la Guardia Civil en las inmediaciones de Lesaka (Navarra).

Zulo localizado en 2008 por la Guardia Civil en las inmediaciones de Lesaka (Navarra). / Efe

Casi sesenta años de actividad terrorista han dejado una profunda huella en la sociedad vasca y del resto de España que se manifiesta en todos los ámbitos, entre ellos el propio lenguaje, al que se han incorporado expresiones y palabras que no deberíamos haber aprendido jamás.

Pese a que en muchas ocasiones las lenguas han servido para el enfrentamiento político, lo cierto es que la convivencia con el gallego, el catalán y el euskera es una fuente de riqueza para el castellano, que ha incorporado términos de todas ellas.

Términos como alud, pacharán, zamarra, chapela, zurrón o chabola provienen del euskera, pero junto a ellos se ha normalizado el uso en castellano de otros directamente ligados a la macabra historia de ETA y a la crónica periodística de sus crímenes.

Zulo es quizás el más conocido de ellos, incorporado al diccionario de la Real Academia de la Lengua como "lugar oculto y cerrado dispuesto para esconder ilegalmente cosas o personas secuestradas", sin embargo en el lenguaje coloquial se usa también con el significado original en euskera: "agujero".

Txakurra, perro en castellano, es la forma en la que el entorno de la banda terrorista se refería a los miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que para los ertzainas, los miembros de la policía vasca, se reservó un término que, aunque no procede del euskera, ha sido ampliamente adoptado: cipayo.

La palabra aparece también en el diccionario de la RAE, que le atribuye origen del portugués y del persa, como soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña, y por extensión se refiere a los nacidos en un territorio colonizado que se ponen al servicio de los colonizadores.

En la década de los noventa, ETA llevó a las calles de Euskadi y Navarra una feroz campaña en la que miembros del entorno proetarra cometían numerosos actos vandálicos para los que se acuñó el nombre de terrorismo urbano o el eufemismo terrorismo de baja intensidad, aunque todos acabamos conociéndolos como kale (calle) borroka (lucha, pelea, enfrentamiento), la lucha en la calle.

También una determinada forma de vestir, y sobre todo un corte de pelo concreto, ha acabado por ser bautizado como estilo Borroka.

La mayoría los llamábamos asesinatos, atentados... pero para los etarras sus crímenes eran ekintzas (acciones) llevadas a cabo por sus comandos que, a su vez, contaban con taldes (grupos) compuestos por unos tres terroristas encargados de funciones concretas dentro de la estructura del comando.

En euskera, la muga es la frontera y a los colaboradores de ETA que ayudaban a los terroristas a cruzar de España a Francia se les conocía como mugalaris: muchos de ellos acabaron en el mako (cárcel) que, aunque no es euskera sino argot, tuvo gran éxito entre los terroristas que allí tenían -aún tienen- una estructura organizada, el frente de makos.

Zutabe es una columna, una viga, un pilar, pero también es el nombre del boletín interno de ETA, utilizado por los terroristas para definir estrategias y marcar objetivos. Muchos dentro y fuera del País Vasco aprendieron con pánico ese término, ya que en los zutabes de ETA se señalaba a quienes después morían asesinados, tenían que marcharse de su tierra o vivían con miedo a ser víctimas de la barbarie.

ETA ha recurrido en varias ocasiones a la terminología bélica para tratar de justificar sus acciones.

Así, quienes durante tanto tiempo se llamaron a sí mismos gudaris (guerreros) y se decían herederos de los héroes del ejército vasco que defendió la República frente a Franco en Vizcaya y Guipúzcoa, no son para la inmensa mayoría de vascos y españoles más que terroristas y asesinos.

Usaron también palabras en castellano para intentar reforzar esa idea de guerra, de enfrentamiento de igual a igual, y el mejor ejemplo de ello es la palabra tregua, asumida incluso por los demócratas, pero que implica un acuerdo, una igualdad de condiciones que no se dieron nunca en este caso, ya que unos usaban pistolas y bombas mientras que otros tenían como armas las leyes.

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