La importancia extrema de las formas

  • Resulta incomprensible que Aguirre fuese testigo del no de Rajoy a Gallardón

Practiquemos la entretenida disciplina del paralelismo ficción-realidad sin ánimo de averiguar cuál de las dos próximas escenas engancha más. Dashiell Hammett, uno de los maestros de la novela negra -quizás sólo por detrás de Graham Greene y Raymond Chandler-, debutó en 1929 con La Cosecha Roja. En uno de los pasajes más plásticos, el gran capo de Personville, Elihu Willson, convoca en su mansión a los clanes mafiosos locales para que diriman sus rencillas alrededor de una mesa. Tan sádica idea contribuye a que cada bando asuma finalmente que sólo sobrevivirá si extermina a los otros.

A Mariano Rajoy no se le conocen aportaciones literarias, circunstancia que no le impidió sentar el martes en el mismo despacho a Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, íntimos, viscerales enemigos. Completó el cuadrado en calidad de convidado (perdón, de secretario general del PP) Ángel Acebes. Tan sádico como el viejo Willson, Rajoy revelaría minutos después al alcalde de Madrid que no, que su aspiración de ser diputado tendría que esperar. La continuación de la trama es sobradamente conocida.

Tanto al anciano corrupto imaginado por Hammett como al candidato Rajoy el respeto a las formas no pareció quitarles el sueño. En la encarnizada competición entre exégetas montada tras el chasco de Gallardón, una de las escasas coincidencias parece ser que el presidente del PP ya tenía tomada la decisión. ¿Por qué permitió entonces la presencia de Aguirre? A nadie le cuesta imaginar la humillación que debe sentir el derrotado si el único hombro disponible para el llanto es el de quien celebra expresivamente sus lágrimas.

Rajoy es la cima del PP. O al menos así consta en el organigrama. Ni siquiera necesitaba la compañía de Acebes. Pero menos aún la de Aguirre, muy por debajo en el escalafón aunque también pertenezca a la Ejecutiva popular. Tal vez ésta ha sido su contundente respuesta a un hombre ambicioso que en los últimos tiempos prefirió saltarse el protocolo interno y proclamar sus metas a corto plazo incluso a costa de incomodar a sus contendientes, que son y serán muchos. Triste destino el de los brillantes.

La pildorilla electoral de la jornada sería la siguiente: con el desahucio, Rajoy asume un riesgo innecesario, pues obvia que el votante de derechas es justamente el más fiel, el que casi siempre acude a las urnas con su papeleta bien agarrada. Es en el centro donde debe rascar los votos que le den la victoria. Y con las deserciones de Rato, Piqué, Matas o Gallardón se aleja del objetivo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios