flamenco

El arte de los niños

  • La bailaora Silvia Marín y el cantaor Antonio Campos se dirigen al público infantil en 'Pulpatarrita con pasaporte' y 'Desde la Alhambra yo te los cuento'

La bailaora Silvia Marín, en uno de sus espectáculos infantiles. La bailaora Silvia Marín, en uno de sus espectáculos infantiles.

La bailaora Silvia Marín, en uno de sus espectáculos infantiles.

El flamenco es sin duda el arte escénico con menos restricciones físicas y de edad de nuestro tiempo. En la escena jonda caben y conviven gordos y delgados, altos y bajos, viejos y niños. En esto difiere notablemente del pop, el rock, el ballet, la danza contemporánea y demás muestras escénicas de hoy. El flamenco es el arte de los viejos de las peñas y de los niños, como bien saben: la Niña de los Peines, el Niño Ricardo, el Niño de Marchena, Niño Miguel, la Niña de Huelva, el Niño de la Sabicas, Niña Pastori y un larguísimo etcétera de artistas jondos empezaron en lo suyo cuando apenas levantaban unos palmos del suelo. Por ello, lo jondo en su conjunto es accesible a todos los públicos, incluido el infantil. No obstante, nos llegan dos productos que, por forma y contenido didáctico, están directamente concebidos para la infancia.

La italiana asentada en Madrid Silvia Marín (Milán, 1967) fue la pionera en este aspecto. A sus espectáculos El flamenco vive con los niños o Cuatro estaciones sucede ahora este Pulpitarrita con pasaporte flamenco que se presenta en dos DVD y un libro. Este último es una aproximación muy didáctica y divulgativa a la historia, estilos, compás, organología y vestuario jondos. También hay un capítulo dedicado al pueblo gitano. La división de estilos que ofrece la obra, debida a José Manuel Gamboa, es francamente ingeniosa y muy divulgativa. Cuatro familias, fandangos, soleares, seguiriyas y tangos, con estilos alegres y tristes en cada una de ellas. Otro mérito de Pulpitarrita es acercar con naturalidad y sin falsa erudición artistas remotos pero fundamentales como Enrique el Mellizo; estilos difíciles para el público infantil como las tarantas o los martinetes, y conceptos complejos como el compás alterno o los melismas.

Los dos textos se leen con una sonrisa y cumplen la función de entretener y enseñar

Los dos DVD que acompañan al libro contienen 38 vídeos que explican esa clasificación de estilos, con una ilustración didáctica hablada a cargo de la propia Marín en cada uno de ellos. La selección de artistas que interpretan los estilos jondos es una antología de lo mejor del baile, el cante y el toque actuales: Ana Morales, Rosario Toledo, El Peregrino, Concha Jareño, Blanca del Rey, Jesús Fernández, Melchora Ortega, Alfredo Lagos, Jesús Méndez, La Caíta, Jeromo Segura, Antonio Campos, Toñi Fernández y Ezequiel Benítez, entre otros.

Pulpitarrita con pasaporte flamenco es una obra emotiva y didáctica, hecha con pasión y rigurosa. No obstante, si puede llevar a sus hijos a algún espectáculo de Silvia Marín, le recomiendo que no se lo pierda porque la italiana tiene un carisma para el público infantil asombroso. En esta línea tenemos que decir que logró una cima que aún no ha sido superada sino por ella misma.

Desde la Alhambra yo te los cuentoes la primera incursión en la prosa de ficción del cantaor granadino Antonio Campos (Tarragona, 1972). Se trata de tres cuentos de temática flamenca y orientados al público infantil. El primero de ellos, La carretilla de Candela, es la historia de una niña que vive en una casa-cueva del Sacromonte, enamorada del baile, y que por la noche sueña con la hinduista diosa Cali. Bobote y Eléctrico es un homenaje a estos dos genios del compás en el que, además, aparecen retratados artistas como El Carrete y Manuela Carrasco. La reina del sur es el cuento de menor contenido jondo, una loa a Andalucía, sus paisajes, sus gentes, sus ciudades, su urbanismo, su gastronomía. Y sus cantes y bailes, naturalmente. Contiene asimismo un guiño a la emigración que el autor conoció en sus propias carnes, como tantos andaluces de su tiempo. Son tres relatos divertidos, plenos de ritmo y buen humor, más atentos a la emoción que a la trama.

Ambas obras son textos que se leen, porque así fueron escritos, con una sonrisa y que cumplen la doble función con la que se concibieron: entretener y acercar a los más pequeños los rudimentos de lo jondo.

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