Brown sufre en su Escocia natal una derrota clave para su futuro

  • El primer ministro británico pierde las votaciones en Glasgow, uno de los bastiones del laborismo · El líder conservador reclama que se adelanten las elecciones

El primer ministro británico, el laborista Gordon Brown, sufrió en su Escocia natal una humillante derrota electoral que puede ser clave para su futuro político, al perder ante los nacionalistas uno de los feudos tradicionales de su partido.

Los resultados de la elección parcial celebrada el jueves en Glasgow East son interpretados por los analistas como un voto de castigo para Brown, fundamentalmente por los problemas económicos que atraviesa el país.

Los nacionalistas escoceses centraron su campaña en el impacto en el nivel de vida del aumento del precio de los alimentos y el petróleo en una región rica en crudo.

Tiene, además, tintes dramáticos para el premier, en caída libre en las encuestas y que acumula en poco más de un año en el poder un rosario de reveses en las urnas que arrojan cada vez más dudas sobre su liderazgo.

Primero, porque el Partido Nacionalista Escocés (SNP) del ministro principal de Escocia, Alex Salmond, logró lo que sus líderes describen como "victoria épica", al invertir la ventaja laborista de 13.507 votos para acabar imponiéndose por 365 votos.

La participación en la votación, convocada para elegir al sustituto del diputado laborista David Marshall, que dimitió por motivos de salud, fue del 42,25%, frente al 48% de 2005.

Segundo, porque Glasgow East, uno de los escaños laboristas más seguros, lleva enviando diputados de ese partido al Parlamento de Westminster desde hace casi sesenta años y porque se produce en la Escocia natal de Brown, que los nacionalistas ya arrebataron a la formación del primer ministro en mayo del 2007.

Según una estimación de la agencia británica de noticias PA, si se extrapolaran los resultados de Glasgow East a unas generales, Brown perdería su escaño en la muy lejana circunscripción de Kirkcaldy y Cowdenbeath.

Y por último, porque es la tercera de una serie de derrotas laboristas en elecciones parciales, que se suman a la hecatombe sufrida por el partido de Brown en las municipales de mayo pasado, en las que perdieron, incluso, la Alcaldía de Londres.

Los nacionalistas, que habían predicho un "terremoto político", aseguraron tras conocer los resultados electorales que se trataba de un seísmo "fuera de la escala de Richter".

"Es una victoria épica y los temblores llegarán hasta Downing Street", dijo el vencedor, el candidato nacionalista John Mason.

Y no le faltaba razón, porque ayer el líder conservador británico, David Cameron, se apresuró a reclamar a Brown que adelante las elecciones.

Pero, en sus primeras declaraciones tras el nuevo revés electoral, el gobernante británico no quiso hacer caso ni de ese llamamiento ni de los rumores que apuntan a que alguien podría cuestionarle el liderazgo en el seno del laborismo.

"Creo que debo seguir con la tarea de conducir al país a través de estos difíciles momentos económicos", dijo a los periodistas para después, en un acto con militantes, pedir "confianza" a los suyos en las políticas que "persuadirán" a los votantes de apoyar a laborismo en las próximas generales, que pueden convocarse hasta mayo 2010.

Si Brown intervino el año pasado en su primer congreso anual como líder laborista con todos los sondeos a su favor y entre rumores de adelanto electoral, al segundo, que será en septiembre, llega con la popularidad bajo mínimos y con su breve currículum como primer ministro plagado de fracasos electorales.

Ayer no faltaron las voces en el seno del laborismo que salieron a la defensa del líder, como el ministro de Cooperación Internacional, Douglas Alexander, quien pidió no culparle sólo a él del desastre electoral y reclamó unidad a los suyos.

Tampoco faltan los que piden, como el secretario general del sindicato GMB, Paul Kenny, que Brown someta su liderazgo a votación.

En el Reino Unido, los sindicatos son los principales financiadores del Partido Laborista y sus miembros participan en la elección de su líder, por lo que su opinión es de gran trascendencia para los dirigentes de esa formación.

Habrá que ver si ese clima de unidad que piden tanto Brown como sus hombres de confianza se mantiene hasta el congreso de septiembre. Todo indica que el verano no se presenta fácil para el primer ministro británico.

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