Correa promete radicalizar el socialismo durante su segundo mandato en Ecuador

  • El fiel aliado de Chávez en la región jura hoy su cargo con una popularidad superior al 50%

Rafael Correa, que jurará hoy para un nuevo mandato en Ecuador, ascendió al poder en 2007 prometiendo una revolución de corte socialista que ahora quiere radicalizar, y que cambió a ojos internos y del mundo la imagen de un país con fama de ingobernable hasta hace poco.

"Esta revolución bolivariana y alfarista no tiene regreso (...) vamos a profundizar esos cambios en democracia, vamos a radicalizar esta revolución en paz, y de paz", anticipó antes de reasumir el cargo por cuatro años más.

En sus dos años de gobierno, Correa doblegó a la oposición, cambió la Constitución por una de su inspiración y fijó un nuevo rumbo a las relaciones internacionales lejos de la influencia estadounidense.

Todo esto mediante cinco victorias en las urnas que lo convirtieron en un líder de incontrastable poder, decisiones drásticas y poco condescendiente con sus enemigos. Estos últimos -entre los que se cuentan políticos, periodistas, banqueros y ex aliados- lo describen como un hombre autoritario, deslenguado y burlón.

También le critican su estrecha alianza con el presidente venezolano Hugo Chávez, y son varios los opositores que avalan las sospechas que desde Colombia lo vinculan con las FARC.

No obstante las críticas, Correa gobierna con una popularidad por encima del 50%, con mayoría legislativa y un capital político que, afirma, quiere transformar en una fuerza organizada con capacidad de movilización.

Originalmente su gobierno debía terminar en 2011, pero gracias a la reforma constitucional que promovió logró habilitarse para un nuevo período.

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