Dolor y rabia entre los partidarios de la ex primera ministra

  • El atentado contra la carismática líder democrática provoca la reacción violenta de sus fieles

La muerte de Benazir Bhutto estremeció a Pakistán. Cuando la noticia de su asesinato se difundió como un reguero de pólvora, la nación contuvo durante un momento la respiración.

Todas las televisiones interrumpieron sus programas y conectaron con Rawalpindi. Allí se habían escuchado disparos tras un mitin electoral y un terrorista suicida se hizo volar por los aires junto al convoy de vehículos de Bhutto. Poco después, la carismática ex primera ministra, de 54 años, murió en un hospital por las graves heridas sufridas.

Miles de personas se habían congregado en Rawalpindi para escuchar a la líder del Partido Popular de Pakistán (PPP). El ambiente entre los seguidores del PPP era relajado. Por todos lados ondeaban las banderitas con los colores del partido: rojo, verde y negro. En las paredes de las casas que rodeaban el lugar donde se celebró el mitin había enormes pancartas con el retrato de Bhutto. La rival del controvertido presidente Pervez Musharraf pidió en varias ocasiones un regreso completo de la democracia a Pakistán, pues sólo así -argumentó- el país puede ganar la lucha contra los extremistas.

Tras su aplaudida intervención, Bhutto fue conducida a la salida del recinto donde se celebró el mitin. Pero a pesar de que el 18 de octubre, el mismo día de su regreso del exilio, en la ciudad portuaria de Karachi se atentó contra su vida, ayer volvió a saludar a sus seguidores por el techo abierto de su vehículo todoterreno. A unos 50 metros del escenario el terrorista hizo estallar la carga explosiva, cuando estaba rodeado de cientos de personas. Segundos antes habían disparado contra Bhutto, según relatan los medios paquistaníes.

Tras la explosión, el caos. Personas corriendo y gritando, por todas partes había muertos y heridos. Llegaron las ambulancias. También había policías en el lugar, pero algunos de ellos fueron agredidos por enojados seguidores del PPP, que con listones de madera golpearon sus vehículos. Un poco más tarde la muerte de Bhutto ya era un hecho.

"No puedo creer que fuese asesinada", aseguraba con lágrimas en los ojos Mana Hassan, una profesora de 30 años de Rawalpindi. "Todavía confío en que todo sea un mal sueño", añadía. Para Mana Hassan, Bhutto personificaba la esperanza de regresar a la democracia.

También Abrar Hussain, un hombre de barba gris, estaba aturdido por los acontecimientos. Reconoce que nunca apoyó la política de Bhutto, pero le entristece el hecho de que no ve sólo el asesinato de una política, sino también de una persona y una madre.

En otras partes, la rabia y la desesperación hicieron acto de presencia. Ante el hospital de Rawalpindi, cientos de seguidores de Bhutto gritaron consignas contra el Gobierno de Musharraf. Muchos ven en el ex general al responsable de la muerte de Bhutto. En otras ciudades del país se realizaron protestas, algunas de ellas de carácter violento.

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