Homenaje a los héroes de Varsovia

  • Los presidentes polaco, Lech Kaczynski, e israelí, Simon Peres, participaron el martes en un homenaje a los judíos que se rebelaron contra los nazis en 1943 para evitar su traslado a campos de concentración

Los presidentes de Polonia e Israel, Lech Kaczynski y Simon Peres, recordaron el pasado martes en Varsovia el heroísmo de los miles de judíos del gueto, que hace 65 años se rebelaron contra los nazis para evitar su traslado a campos de concentración en una lucha desesperada que se cobró la vida de miles de jóvenes.

"Nuestro país quiere venganza, pero una venganza diferente; nosotros deseamos la paz, ésta es nuestra venganza, la venganza de los hijos de la luz frente a los hijos de la oscuridad", aseguró el jefe del Estado israelí durante el acto de homenaje, que tuvo lugar ante el monumento a los héroes del gueto, situado en el centro de la capital polaca. "Los fascistas sólo han dejado a las siguientes generaciones vergüenza, dolor y maldición", añadió Peres en su intervención, en la que alabó el coraje de miles de judíos que, movidos por la desesperación de una muerte segura en los campos de exterminio, se levantaron contra las tropas nazis sin apenas armas y murieron por miles en una lucha infernal.

Por su parte, Lech Kaczynski destacó que "los soldados del gueto no lucharon por la victoria, sino por el honor, con una carencia total de medios pero con gran valentía, una valentía que nunca debemos olvidar".

Ambos mandatarios depositaron coronas de flores ante el monumento después de que la numerosa comunidad hebrea presente recitara el Kaddish, la oración judía cantada para honrar a los muertos.

Pero el momento más emotivo del homenaje no lo protagonizaron los jefes de Estado, sino los veteranos polacos y judíos, especialmente Marek Edelman, el último superviviente de los líderes del levantamiento, quien estuvo acompañado de su familia en el recuerdo de unos acontecimientos de los que él mismo fue protagonista hace 65 años.

El coraje de Edelman le valió el martes recibir la condecoración de la Legión de Honor de manos del ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, también presente en la capital polaca.

En la conmemoración de este 65º aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia también participó toda la plana mayor del Ejecutivo polaco, con el primer ministro, Donald Tusk, al frente, junto con los representantes del Parlamento, el Senado y la jerarquía de la Iglesia católica.

El Ejército de Polonia rindió un homenaje especial a los miles de judíos que participaron en el levantamiento del gueto y a los soldados hebreos que formaban parte de las fuerzas armadas de este país durante el conflicto, muchos de los cuales protagonizaron actos de gran heroísmo que el martes fueron recordados con respeto en una nación que no consigue desprenderse de su mala fama de antisemita.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Polonia era uno de los lugares de Europa con más población judía, estimada en alrededor de 3,5 millones de personas, aunque tras el Holocausto llevado a cabo por los nazis la comunidad hebrea quedó reducida a apenas unos miles.

En 1940 las fuerzas alemanas de ocupación obligaron a los más de 400.000 habitantes judíos de Varsovia a concentrarse en una zona delimitada del centro de la ciudad que pasó a llamarse gueto y que fue aislada por un muro tras el cual apenas se disponía de víveres, medicinas o ropa de abrigo.

Muchos murieron de hambre y enfermedad por las pésimas condiciones del gueto, mientras los demás aguardaban su traslado a los campos de concentración, donde también les esperaba una muerte segura en las temibles cámaras de gas.

En el resto de la ciudad la situación no era mucho mejor, con continuos enfrentamientos entre la resistencia polaca y la guarnición nazi, en una guerrilla permanente que el director Roman Polanski describió en la premiada película El pianista.

El levantamiento del gueto de Varsovia se produjo el 19 de abril de 1943 y fue un acto de resistencia de los jóvenes judíos frente a la liquidación sistemática llevada a cabo por los alemanes, que planeaban reducirlo todo a cenizas.

En esta lucha perdieron la vida alrededor de 14.000 judíos, mientras que otros 43.000 fueron ejecutados por las tropas de ocupación alemanas.

Los escasos supervivientes del gueto se unieron a la resistencia polaca para participar en otro sangriento levantamiento, que meses después pondría en jaque a los alemanes a costa del sacrificio de 200.000 ciudadanos y la destrucción del 90% de Varsovia cuando el Ejército Rojo soviético se acercaba desde el este.

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