Implicaciones del cambio de la libra para Andalucía

AUNQUE el proceso de desvinculación del Reino Unido de la Unión Europea tomará tiempo, las consecuencias sobre el tipo de cambio han sido inmediatas. Para nosotros la relación entre la libra esterlina y el euro ha sido siempre importante, por la actividad cotidiana que se materializa en exportaciones, todo tipo de actividad relacionada con el turismo, capacidad de gasto de los turistas, residentes que perciben sus ingresos en libras, y otras de más largo plazo como puede ser el alquiler de larga duración o la compra de vivienda. Desde la crisis de 2007 la libra ha oscilado entre 1,5 euros por libra y 1,1 euros, lo que en porcentaje representa casi un 40%. Precisamente, cuando el euro se mantiene muy fuerte en los primeros años de la crisis, se hablaba de que una depreciación era lo más interesante para Andalucía, porque, entre otras cosas, habría animado el mercado de vivienda, añadiendo una rebaja sustancial a la compra de las mismas.

La libra venía cayendo con respecto al euro desde mediados de 2015, pasando de 1,4 al entorno de 1,3 donde parecía estabilizada; en los momentos actuales, ha pasado a 1,24, que supone una depreciación del 10%, importante, pero no dramática en los mercados de tipos de cambio. Varias ideas podemos dar al respecto. Una, que la relación con el dólar es escasamente significativa, puesto que es una moneda de refugio, como la deuda pública soberana, u otras monedas como el yen japonés o el franco suizo, donde ante momentos de incertidumbre se remansa la liquidez, para luego ir buscando otros destinos. La segunda es que hay motivos reales por los que el euro es una moneda fuerte frente a la libra, en el propio comercio; la balanza por cuenta corriente del área del euro tiene un superávit de más de 367 mil millones de dólares, y prácticamente todos los países tienen superávit; sin embargo Gran Bretaña tiene un déficit de 147 mil millones de dólares.

La tercera idea es que Gran Bretaña tiene unos tipos de interés que son, para el plazo de diez años 1,3 puntos porcentuales mayores que los de Alemania, lo que hace más atractivo el mercado británico para conseguir una rentabilidad y, por tanto, debería apoyar a la libra. Un cuarto aspecto es la reforma reciente, de la mano del Banco de Pagos de Basilea, del mercado de tipos de cambios, que mueve diariamente 5,3 millones de millones de dólares; este mercado ha sido fuente de escándalos por la manipulación que se hacía de los cambios de las divisas por parte de operadores, precisamente desde Londres; ahora parece que es más difícil mover arbitrariamente el mercado con órdenes ficticias, aunque sigue sin estar libre de manipulaciones y más en momentos como el que ahora vivimos. Encontramos que se están dando precios indicativos hasta que se cierran en firme las operaciones; para evitar la falta de liquidez, el Banco de Inglaterra ha facilitado más de un 250 mil millones de libras en divisas, con lo que no va a haber falta de divisa ante ventas de libras.

Una quinta cuestión es el papel coordinado de los bancos centrales, que facilitan el cambio en cantidades ilimitadas; esta coordinación ya se había producido antes del referéndum, evitando la Reserva Federal norteamericana tomar medidas que pudieran considerarse restrictivas, al igual que el Banco de Japón. El Banco Central Europeo, por su parte, ha continuado con su programa de liquidez, comprando deuda pública y privada, manteniendo el tipo de la deuda española, entre otras, y favoreciendo la estabilidad del sistema financiero. Y, por supuesto, en esta misma línea lleva ya días el Banco de Inglaterra.

En suma, de entre los factores que pueden afectar a la economía de Andalucía, el tipo de cambio de la libra respecto al euro es el más inmediato y evidente; aunque indudablemente se notará algo en la capacidad de gasto de los ingleses, y el encarecimiento de las exportaciones y las actividades relacionadas con el turismo, hay mecanismos de estabilización de los bancos centrales que están, por el momento, controlando la situación. Peor es que se creen expectativas desfavorables que lleven a la gente a restringir su gasto o, peor aún, a no hacer turismo fuera de Gran Bretaña.

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