Rousseff acusa a la oposición de dar un "golpe" contra la "estabilidad" de Brasil

  • La presidenta defiende su permanencia como garantía de la recuperación económica El Senado continúa el trámite del juicio político

Dos días después de que la Cámara de Diputados brasileña comenzara el proceso para enjuiciar a Dilma Rousseff por su participación en un caso de corrupción, la presidenta calificó la maniobra de la oposición de "golpe" que "no va a traer estabilidad política porque rompe con la base de la democracia". En una rueda de prensa en Brasilia, la mandataria sudamericana defendió su permanencia al frente del Gobierno como garantía de la recuperación económica de la dura crisis que está viviendo el país.

"Sin democracia Brasil no se transforma y no recuperamos la capacidad de impulsar el crecimiento económico", espetó Rousseff para después asegurar que los efectos de la crisis institucional ya se han hecho notar en el país a nivel financiero. Sin embargo, se mostró confiada de que la situación mejore si el Congreso rechaza la apertura del juicio político y los partidos acepten el nuevo pacto propuesto por el Gobierno.

La presidenta reiteró que se siente víctima de una gran injusticia debido a que considera que "no hay la menor base legal" para el juicio político. "Soy una persona contra la que no hay ningún proceso de corrupción o pruebas de cualquier tipo de irregularidad", apostilló. Además criticó las "medias verdades" de los opositores, que alegan que el juicio con miras a su destitución está previsto en la Constitución, "pero no dicen que es necesario un crimen de responsabilidad para poder usarlo".

Rousseff se mostró muy dura cuando asimiló el proceso en su contra con un golpe de Estado. Aseguró que en Brasil hay un "filón golpista adormecido" y que todos los presidentes desde que el país recuperó su democracia, en 1985, han sufrido intentos de juicio político.

La mandataria brasileña acusó directamente al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, como impulsor de la crisis institucional. A juicio de Rousseff, lo hizo como venganza por la decisión del Gobierno de no ayudarlo a frenar los procesos por corrupción que Cunha enfrenta tanto en el Legislativo como en la Justicia. "Soy víctima de un proceso en que mis juzgadores tienen un historial que no los acredita para ser jueces de nada sino para ser reos", agregó en referencia a su rival.

Además, la presidenta brasileña insinuó que detrás de todo el proceso también hay cuestiones de género y aseguró que la intención de destituirla no existiría "si el presidente fuera un hombre". "Creo que hay un componente fuerte" de machismo, indicó la jefa de Estado, quien citó reportajes aparecidos en la prensa local que calificó de "misóginos" y ofensivos con las mujeres.

Mientras tanto, el intento de impulsar un juicio político continúa. El Senado brasileño pretende instaurar el próximo martes la comisión especial que analizará el proceso, según explicó el presidente de la Cámara Alta, Renán Calheiros. El trámite en el Senado comenzó ayer con la lectura de un informe remitido por la Cámara de Diputados. Tras su lectura, los partidos representados en la Cámara Alta tendrán 48 horas para elegir a los 21 miembros de la comisión, que durante diez sesiones debatirá el asunto. Si el pleno de la Cámara Alta respalda la apertura del juicio político, Rousseff será separada del cargo mientras dure el proceso y será reemplazada por el vicepresidente Michel Temer, durante los 180 días que puede durar el trámite.

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