Los kurdos no se fían de Bagdad

  • Los dirigentes de una de las principales minorías del país critican el plan de rearme del Ejército iraquí porque temen que se pueda volver contra ellos en el futuro

El reciente plan del Gobierno iraquí para armar al Ejército con aviones y armamento pesado ha despertado el temor de la comunidad kurda en el país, una de las más importantes, que piden garantías para impedir cualquier ataque militar contra ellos o los países vecinos.

La inquietud comenzó tras la publicación de informaciones de prensa sobre los planes de Iraq para comprar aviones de guerra y otro tipo de armamento a Estados Unidos.

Según informó el periódico estadounidense The Wall Street Journal, el Pentágono ha aprobado la venta a Iraq de 24 helicópteros de ataque, por valor de 2.400 millones de dólares.

Por su parte, las autoridades iraquíes anunciaron su intención de comprar tanques, vehículos blindados y seis cazas F-16, entre otro material bélico, por valor de 10.000 millones de dólares, según el rotativo.

Pese a que la comunidad kurda reconoce que el Ejército iraquí necesita armas adecuadas, existe la creencia generalizada de que se trata de una maniobra para reforzar el poder central y disminuir la autoridad de las regiones. Existe ya una larga lista de agravios entre kurdos y el resto de los iraquíes, entre los que se cuentan los acuerdos petroleros suscritos por la región autónoma del Kurdistán a espaldas de Bagdad, el papel de los milicianos kurdos (peshmergas) en el Ejército, y la disputa por el control de las áreas de Kirkuk y Janaquin.

La polémica por el rearme se suma a estos conflictos y sube aún más la temperatura de las relaciones entre ambas partes.

En el recuerdo de todos está el sangriento pasado de los kurdos durante el régimen del dictador Sadam Husein, cuando las Fuerzas Armadas iraquíes perpetraron toda clase de violaciones contra esta comunidad, por lo que ahora los kurdos pretenden blindarse.

El general Yabar Yawar, portavoz de las fuerzas de defensa kurdas, explicó a Efe que su institución "apoya al presidente del Parlamento del Kurdistán, que dijo que debe haber garantías para que esas armas no puedan utilizarse contra el pueblo iraquí". "El proceso de rearme debería realizarse bajo supervisión", sentenció Yawar.

El presidente de la Cámara kurda, Adnan Mufit, instó la semana pasada a los países proveedores de armamento a que exijan garantías al Gobireno de Bagdad de que ese material no se utilizará contra los kurdos.

Otras voces protestan ante lo que consideran una decisión precipitada y no consensuada por el Ejecutivo central. "Debería ser debatido en profundidad en el Parlamento iraquí. Como ciudadano kurdo, me preocupa que un gran contrato de miles de millones de dólares no sea discutido para garantizar un acuerdo transparente", dijo a Efe Fuad Husein, jefe de gabinete del presidente de la región del Kurdistán, Masud Barzani.

"Tuvimos una amarga experiencia en el pasado, cuando el Ejército iraquí se utilizó contra su pueblo, así que eso no debería volver a suceder. No sólo los kurdos, sino todos los iraquíes están preocupados por esto, incluso los países vecinos", agregó. En respuesta a las protestas kurdas, el ministro de Defensa iraquí, Abdulqader al Obeidi, dijo en una rueda de prensa que el Ejército necesita rearmarse.

"Estos planes son para proteger los territorios iraquíes de norte a sur, un deber del Ejército federal. Necesitamos reforzar a las Fuerzas Armadas, teniendo en cuenta que las tropas multinacionales dejarán el país en 2012", dijo Obeidi.

Para algunos analistas militares y políticos, esta polémica es una muestra de la descoordinación y la desorganización que rigen las relaciones entre ambas partes.

"Es natural que un pueblo oprimido en el pasado por el Ejército iraquí ponga objeciones a que éste se rearme. Debería haber negociaciones entre los kurdos y Bagdad para alcanzar un acuerdo sobre un asunto tan sensible", dice Sarwar Qadir Barzinyi, un general iraquí retirado.

Hasta el momento, el nuevo desencuentro promete quebrar aún más la inestable confianza que existe en estos momentos entre Bagdad y el Kurdistán, una región que vive en un régimen de gran autonomía con respecto al resto de las provincias.

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